El Comercio

Las cicatrices sísmicas de Asturias

De derecha a izquierda, Rogelio Pando, alcalde de Colunga; Sergio Llana, director del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo; el profesor Jorge Gallastegui; y la decana de la Facultad de Geología, Rosana Ménendez, junto a otros invitados a la inauguración de la muestra, ayer, en el Muja.
De derecha a izquierda, Rogelio Pando, alcalde de Colunga; Sergio Llana, director del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo; el profesor Jorge Gallastegui; y la decana de la Facultad de Geología, Rosana Ménendez, junto a otros invitados a la inauguración de la muestra, ayer, en el Muja. / N.A.
  • La costa central y oriental de la región muestran los indicios de un terremoto en el periodo jurásico que estuvo acompañado de una gran tempestad

  • El Muja inauguró ayer la exposición 'Cuando la tierra tiembla: volcanes y terremotos'

Aunque en la actualidad la actividad volcánica en Asturias es nula, existen diversas evidencias de vulcanismo en el pasado remoto de la región durante, al menos, los lejanos períodos Cámbrico, Ordovícico, Silúrico y Pérmico. Por ejemplo, la capa de caolín, una arcilla blanca que tiene en torno a quinientos millones de años y que se explota en Asturias desde hace décadas, se debe precisamente a la alteración de antiguas cenizas procedentes de una inmensa erupción volcánica. Ésta es solo una de las aportaciones en torno al pasado y presente volcánico y sismológico relativo a la región que queda de manifiesto en la muestra 'Cuando la Tierra tiembla: volcanes y terremotos', que ayer fue presentada oficialmente en el Museo del Jurásico y que estará abierta durante todo este verano.

En el Oriente, además, existe un nivel en el fondo marino, que afecta también al centro de Asturias, «que tiene una formación a capas y que se debe a un terremoto del Jurásico Inferior», explicó José Carlos García-Ramos, director científico del Muja, «cuando Asturias estaba todavía cubierta por el mar».

Fue más tarde, en una segunda parte del Jurásico, cuando «en una zona próxima a tierra, a unos veinte o treinta metros de profundidad, se produjo una sacudida sísmica muy grande asociada a una tempestad enorme», añadió García-Ramos, y fue esa tempestad, asociada al terremoto «la que produjo una deformación de los sedimentos que todavía estaban blandos y que es la que ahora se reconoce» y puede seguirse a lo largo de la costa, donde se encuentran ahora los afloramientos jurásicos, «desde la playa de Peñarrubia, en Gijón, hasta casi el extremo oriental de Asturias en la playa de La Vega, en Ribadesella», añadió el científico.

Ese terremoto debió de producir grandes olas del estilo de un tsunami y desequilibró los sedimentos del mar, que se deslizaron unos sobre otros dando lugar a estructuras irregulares, «como esa capa retorcida que se puede ver muy bien en todo este nivel que es, digamos, un nivel guía para saber perfectamente dónde estamos», en este ámbito concluyó García-Ramos.

La fauna marina de aquel momento, en el que todavía no existían los dinosaurios, estaba formada por reptiles vertebrados y, en el ámbito de los invertebrados, por ammonites y y belemnites, 'antepasados' de las sepias y calamares actuales.

Los terremotos

Ádemás de estos datos específicos relativos a Asturias, la exposición recoge información muy precisa sobre la energía de la Tierra para que todos los visitantes conozcan y entiendan los volcanes y los terremotos, así como las formas de reducir, evitar o prevenir los riesgos a los que se exponen millos de personas que viven en áreas próximas a volcanes activos o en zonas de peligrosidad sísmica.

Jorge Gallastegui, profesor de la Facultad de Geología de la Universidad, además de hacer el recorrido completó la muestra explicando su contenido a todos los asistentes a su inauguración. Relató que a través de ella «se pueden ver también cuáles fueron las principales catástrofes de la Historia, tanto de carácter volcánico como de terremotos, que además es algo que siempre llama mucho la atención».

Para los científicos, además, a parte del lado dramático que en cuanto a daños materiales y sobre todo humanos pueden tener los terremotos, «nos sirven para obtener muchas conclusiones sobre la estructura de la tierra: desde el núcleo hasta la corteza, incluso nos permite conocer con detalle cómo es la estructura de los últimos kilómetros de la superficie», explicó Gallastegui.

Respecto a los riesgos de uno y otro fenómeno, el profesor explicó que respecto a los volcanes «sabemos dónde están y tienen el punto a favor de que normalmente aumenta la sismicidad en la zona, como sucedió por ejemplo en con el volcán submarino frente a la isla de El Hierro en el año 2011». Además, en los lugares donde hay grandes volcanes y en zonas limítrofes hay áreas pobladas se establecen medidas de prevención, de evacuación...».

En el caso de los terremotos, Gallastegui comentó que «pasa un poco lo mismo: hay zonas más activas sísmicamente y las construcciones se hacen de tal manera que resistan, se construyen muros en la costa... Hoy día se toman ya medidas de prevención». De hecho, en España, que no es un país especialmente sísmico, se aprobó en 2000 la 'Norma Sismoresistente de Construcción' en la que se establecen las medidas a tomar en cada área para que las edificaciones puedan resistir los terremotos.

En Asturias, aunque la región tiene una sismicidad muy baja, «sí hay algunos terremotos», manifestó Gallastegui, pero no son percibidos por la población debido «a su baja intensidad». El mayor de todos se registró en Teverga en 1950 y tuvo una intensidad de 4,5 grados en la escala de Ritcher.

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