El Comercio

Los incendios «no eran necesarios»

José Enrique González Sordo, vecino de La Galguera.
José Enrique González Sordo, vecino de La Galguera. / Juan Llaca
  • Vecinos de los pueblos próximos dan por hecho que los fuegos han sido provocados

  • La oleada de focos que se han sucedido desde la noche del martes no ha dejado a nadie indiferente en las inmediaciones de la Sierra del Cuera

El llanisco valle de Mijares, entre las localidades de Purón y La Pereda, amanecía este jueves cubierto por una espesa nube de humo procedente de tres incendios que continuaban activos en la zonas de Barbalín, al sur de la cuesta de Purón; en el entorno al Picu Castiellu y la Riega de la Mesa, y en las estribaciones de la sierra del Cuera, por debajo de La Muezca. El viento del nordeste contribuía al rápido avance de las llamas y dos helicópteros realizaban continuos viajes al Cantábrico para regresar cargados de agua con la que sofocar un voraz incendio que se había apoderado de una repoblación de pinos, de 20 hectáreas, realizada por el Principado hace tres años.

Ningún vecino de estos pueblos permanecía indiferente a lo que desde el cielo les venía encima. Y casi todos denunciaban que las quemas son una constante habitual con buen tiempo y vientos del nordeste. «Las fuegos son visibles a diario y se quema lo que ya estaba quemado hace meses», opinaban la mayoría de los lugareños.

En el barrio de La Pizca, perteneciente al pueblo de Soberrón y enclave situado en la parte baja de la sierra del Cuera, viven Guillermo Álvarez Albajara y María Sellés Huidobro. El humo y las llamas corren muy cerca de su vivienda y aseguran que a lo largo de este año llevan efectuadas «decenas de llamadas al Seprona, Guardia Civil, Bomberos y al 112 para que acudan en el momento de ver las primeras llamas, pero nadie viene o llegan tarde». No albergan dudas de que los incendios son intencionados ni de que tienen una finalidad económica que beneficia a muchos sectores: «Los ganaderos cobran subvenciones de la Política Agraria Común en atención a la superficie de pastos que presenten y los políticos no se mueven para conservar los votos del sector», explicaba Guillermo Álvarez, quien matizaba que la situación actual conduce a «un cúmulo de desastres por desinterés y dejadez» de la Administración. Y denunciaba que tras los incendios, el agua que fluye del manantial del que se surte en su vivienda llega «negra y contaminada durante semanas».

En un largo catálogo de quejas, María Sellés, que sí se manifestaba partidaria de las quemas controladas, matizaba que frente la situación actual «no hay ningún control; el Principado y el Ayuntamiento no hacen nada; los ganaderos van a lo fácil; es una vergüenza tener ocupados a los bomberos en estas labores, y los particulares, propietarios de plantaciones de eucaliptos, pierden mucho dinero».

«Coste económico»

José Enrique González Sordo, vecino de La Galguera, opinaba que veía «bien las quemas controladas», pero sostenía que los incendios de los últimos días «no eran necesarios porque el monte no tenía mucha maleza. En caso contrario el fuego habría avanzado con mayor rapidez, como cuando en épocas pasadas las llamas pasaban en 24 horas desde San Roque del Acebal hasta El Mazucu». Recordaba que hace medio siglo la Guardia Civil «picaba en la puerta de cada casa y obligaba a los vecinos a subir al monte para apagar los incendios». En la parte negativa apuntaba al elevado «coste económico que suponen las quemas forestales para los vecinos al tener que movilizar helicópteros y bomberos».

«Cinco años» de peticiones

En San Roque del Acebal, Pedro Pérez Sordo, ganadero jubilado de 74 años, ofrecía una versión diferente de la situación: «Los ganaderos llevan cinco años pidiendo permiso para realizar quemas controladas y no se les concede». «El argomal es inmenso, antes se rozaban y limpiaban las cuestas pero al desaparecer las vacas de leche ya no se necesita mullido. Conocí un monte muy diferente al que vemos ahora», matizaba. Incluso valoraba que, de cara al futuro, las quemas son perjudiciales para el ganado vacuno porque «algunas vacas pueden morir despeñadas al tratar de llegar a nuevos pastos». Apostaba Pérez Sordo porque el Principado autorice «quemas controladas hectárea a hectárea». «Antes solo era necesario quemar matas pequeñas pero ahora si lo haces te denuncian. El resultado final es que cuando se produce el fuego se que queman centenares de hectáreas», concluía.

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