Los soldados rebeldes de la Transición

El coronel Arturo Gurriarán Granados, momentos antes de su charla en el instituto Rey Pelayo.
El coronel Arturo Gurriarán Granados, momentos antes de su charla en el instituto Rey Pelayo. / N. ACEBAL
  • El coronel Arturo Gurriarán Granados explicó en el Rey Pelayo cómo la Unidad Militar Democrática hizo frente al franquismo

«La memoria es lo más importante de la vida, cuando ésta se pierde, perdemos todo». Con estas poéticas palabras finalizaba el coronel de Caballería y fundador de la Unidad Militar Democrática, Arturo Gurriarán Granados, la charla con la que trasladó a los alumnos del instituto Rey Pelayo de Cangas de Onís a la época de la Transición. Durante la misma, el militar explicó cómo él y sus compañeros de la UMD hicieron frente, aún a costa de perder sus carreras y enfrentarse a penas de prisión, al Ejército franquista en defensa de una España democrática y contra la dictadura.

Corría el año 1974 cuando, ante la inminente muerte de Franco, comenzaron a surgir por todo el país numerosos movimientos prodemocráticos. «El apoyo a la dictadura era cada vez más pequeño y el Ejército quedó como garante de la continuidad franquista, lo que ponía a los militares en un lado y a la sociedad civil en el opuesto», rememoró Gurriarán. Algo, apostilló, con lo que no todos estaban de acuerdo dentro de la institución armada. «Muchos abogábamos por una transición hacia la democracia y fue al unirnos como nació la unidad, una sociedad clandestina que, por ejemplo, a los compañeros de Madrid les costó la expulsión del Ejército», explicó. Él mismo pasó una temporada en prisión, en el Castillo de Figueras, en Gerona.

«Lejos de querer hacer la revolución con las armas, como nuestros colegas portugueses, nosotros decidimos jugar con el miedo que tenía el Ejército a la división interna», explicó el coronel. Un miedo que a él y los militares con quienes compartió prisión les sirvió para no terminar como sus compañeros de Madrid. «Para no fomentar esa división en vez de expulsarnos nos enviaron forzosamente a Fuerteventura y nos dejaron continuar con nuestras carreras. Eso sí, vigilándonos siempre desde cerca», indicó.

Ante la mirada atónita de los jóvenes estudiantes, Gurriarán enumeró algunos de los 'delitos' que él y sus camaradas de la Unidad Militar Democrática cometieron para merecer tal persecución. «Pedimos que los españoles pudiesen disfrutar de derechos sindicales como la huelga o el derecho a asociación, libertad de prensa y de expresión, respeto a los Derechos Humanos y la creación de Cortes Constituyentes, entre otras cosas», enumeró. Fue precisamente cuando se cumplió esta última petición, en 1977, cuando la unidad se disolvió. No obstante, lamentaba ayer el coronel, «pese a que la mayoría de nuestros deseos se fueron cumpliendo poco a poco, hay uno al que no hicieron ni caso, como es el fin de la corrupción».

Sin pelos en la lengua, Gurriarán también criticó cómo «mientras que la sociedad civil siempre mantuvo su apoyo a la unidad durante la Transición, los políticos no estuvieron a la altura. No fueron valientes, como muchos de ellos reconocerían después, y la UMD fue la gran sacrificada de este periodo», señaló. En este sentido, recordó que ninguna de las dos amnistías que se concedieron afectó a los militares que habían sido expulsados del Ejército años atrás y afeó que muchos de los partidos con los que se habían establecido contactos no dieron la cara llegada la hora, pues ya se habían «acomodado».

Durante la mañana de ayer el coronel de Caballería también fue recibido y agasajado en los ayuntamientos de Cangas de Onís y Parres, donde alabaron la «valentía y el compromiso que demostraron los miembros de la UMD para que el país pudiese volver a la normalidad democrática».