La acusada por intoxicación en Arriondas, denunciada por no cumplir la orden de alejamiento

Uno de los dispositivos del laboratorio de Arriondas.
Uno de los dispositivos del laboratorio de Arriondas. / E. C.

Quebrantó el pasado abril las medidas cautelares impuestas por el juzgado al acercarse a una de las dos víctimas que trabajaban con ella en el laboratorio del hospital

TERRY BASTERRA ARRIONDAS.

La mujer acusada por intentar intoxicar a dos compañeros que trabajaban con ella en el laboratorio del hospital de Arriondas fue denunciada por una de sus víctimas el pasado mes de abril. El motivo: quebrantar la orden de alejamiento que le había puesto el juzgado de Cangas de Onís como medida cautelar a la espera de la celebración del juicio.

Los hechos tuvieron lugar a principios de abril en los exteriores del colegio de Arriondas. La víctima reconoció a la mujer que durante varios meses de 2015 introdujo presuntamente con una jeringuilla diversas sustancias en su botella de agua con el fin de causarle algún tipo de lesión. De inmediato se dirigió a unos agentes de la Policía Local de Parres que se encontraban en las inmediaciones, a quienes les pidió que actuasen. Los policías identificaron a la presunta intoxicadora, quien reconoció que tenía impuesta una orden de alejamiento hacia su víctima y se marchó a toda prisa del lugar asegurando que no se había percatado que se encontraba muy cerca de la que había sido su compañera de trabajo.

La víctima interpuso una denuncia por estos hechos en el cuartel de la Guardia Civil de Ribadesella y agentes de la Benemérita tomaron declaración a C. N. C., de 45 años, por este quebrantamiento de las medidas cautelares impuestas por el juzgado. La mujer está acusada de dos delitos de lesiones y otros dos contra la integridad moral por tratar de atentar contra la salud de dos de los que fueron sus compañeros en el laboratorio del Grande Covián, un lugar de trabajo al que no ha regresado desde que fue detenida el 5 de octubre de 2015 por agentes de la Guardia Civil, según aseguraban ayer fuentes médicas.

Los análisis realizados en el Instituto Nacional de Toxicología permitieron determinar que entre las sustancias que introdujo la acusada en la decena botellas de agua de sus compañeros que fueron analizadas había, al menos, ácido clorhídrico, vinagre y sangre, aunque en este último caso no se pudo determinar si era de origen humano o animal. Las cantidades detectadas de ácido tenían un PH de 1,85 y 2,04, unos niveles nocivos para la salud, pero insuficientes para provocar la muerte. De ahí que la denuncia de la Fiscalía sea por lesiones y no por intento de homicidio.

Los hechos ocurridos en 2015 en el Grande Covián fueron investigados por el equipo de la Policía Judicial de Llanes, dependiente de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, después de que los compañeros de la técnica de laboratorio y la Gerencia denunciaran los hechos. Habían notado que el agua que bebían en su trabajo tenía un sabor raro y también un cambio de actitud en su compañera. Detrás de esto último se especula con que estuviese la decisión de sus superiores de designar coordinadora del laboratorio a una de sus dos víctimas en lugar de a la denunciada que, al parecer, aspiraba a este puesto de trabajo.

La Policía Judicial instaló varias cámaras ocultas que permitieron grabar a la acusada manipulando las botellas de agua de dos de sus compañeros e introducir en ellas distintos componentes reactivos con una jeringuilla.

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