El aguinaldo de Cazu quiere abrirse a las mozas

Los aguinalderos llegando a lomos de sus caballos al pueblo de Cazu, en Ponga. /NEL ACEBAL
Los aguinalderos llegando a lomos de sus caballos al pueblo de Cazu, en Ponga. / NEL ACEBAL

La celebración pongueta se abre a los casados y no descarta incluir mujeres para mantener la tradición | Siete jóvenes a lomos de caballos engalanados recorren la parroquia en busca de donativos, este año animados por la tonada y el mariachi

GLORIA POMARADA SELLAÑO.

La parroquia de Cazu, en Ponga, es uno más de esos territorios asturianos asolados por una sangría demográfica que ha relegado a los pueblos a meros enclaves vacacionales. Pero en Cazu no están dispuestos a que sus tradiciones perezcan y así lo ejemplificaron ayer con el aguinaldo, una celebración centenaria que, por primera vez, contó con la participación de un casado. En sus orígenes, esta cita a la que se reserva el domingo anterior al martes de carnaval, tenía el fin de reunir a los jóvenes casaderos. «Antes no había coches y de un pueblo a otro no se conocían, con el aguinaldo se juntaba la gente y se buscaba moza», explicó Sergio Concha, uno de los aguinalderos más veteranos de Cazu, con catorce ediciones a sus espaldas.

La celebración de este año, contó, «estuvo a punto de no hacerse» por la escasez de mozos, por lo que hace tres semanas los aguinalderos tomaron la decisión permitir la participación de jóvenes casados. «Se armó mucho revuelo», señaló Borja Cueto, aguinaldero desde hace también catorce años.

Ese «revuelo» generado en los pueblos de la parroquia podría ser incluso mayor en la cita de 2019, en la que los aguinalderos barajan incluir a mujeres en la comitiva. «Poco a poco para que no sea tan abrupto», apuntó Concha. «Estoy de acuerdo pero siempre que se hable y se decida con tiempo, a quien le apetezca ir que vaya, lo importante es que se mantenga la tradición», valoró Luisa Pilar. Madre y tía de aguinalderos, su cometido en la fiesta es el de elaborar los ramos que adornan la frente del caballo. El de enramar las flores y elaborar la cena posterior al recorrido ha sido hasta la fecha el papel reservado a la mujer. «El machismo quedó atrás, la cosa es que venga gente», defendió Alberto Fernández. Él fue el único casado que ayer ejerció de aguinaldero. «Los demás tuvieron miedo, pero ahora van a morirse de envidia», bromeó mientras aguardaba a lomos de su corcel la partida desde Sellaño.

Con Alberto se asienta, además, otra tradición: los rocines de los casados carecen de ramo para no crear falsas expectativas entre los pretendientes. De la decisión podrán contar en el futuro que fue fruto de la casualidad, pues al nervioso caballo de este primer soltero fue imposible colocárselo.

El de ayer fue, además, un aguinaldo de novedades musicales, ya que a los siete mozos y al habitual gaitero, Oscarín Fernández, se unió el cantante Celestino Rozada. Al son del mariachi 'Volver, volver' arrancaba el cortejo rumbo a Cazu, primera parada de la marcha. En el pueblo les esperaban una veintena de vecinos que no dudaron en tirar de cartera y otorgar generosos aguinaldos. Entre ellos el de uno de los mayores del lugar, Agustín Llera, que guarda recuerdos de aguinaldos celebrados hace nueve décadas.

Mientras los ponguetos iban aflojando los bolsillos, Sergio Concha apuntaba en una libreta el nombre y la cantidad entregada por cada vecino al joven Jonatan García, que hizo las veces de tesorero. «Cada vez hay menos gente y, por consiguiente, menos dinero, pero el descenso no es exagerado porque los vecinos se portan», agradeció Concha.

Con la recaudación, explican, organizarán una cena el próximo sábado. «Lo más guapo ye la cena, además del aguinaldo si no llueve», contó Borja Cueto.

Sin embargo en la mañana de ayer llovió y mucho. Ya en el primero de los altos del camino el grupo tuvo que despojar a los rocines de los adornos florales, elaborados con papel pinocho de vivos colores que acabaron tiñendo el pelaje de los animales.

Con chubasqueros y ya sin ornamentos, los aguinalderos siguieron ruta por los pueblos de Ambingue, Los Lladeros, Tribiertu y Priesca, para después retornar a Sellaño. Allí les esperaba una comida típica de estas fechas a base de frixuelos, rosquillas y borona, de la que dieron buena cuenta los habitantes de la parroquia de Cazu en un ambiente de «unión y armonía». «Si seguimos así, el aguinaldo no desaparecerá», confían. Con casados, mozas y «todo aquel al que le apetezca».

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