Alquileres por más de 1.000 euros a la semana este verano en Llanes y Ribadesella

Un chalé situado en la localidad llanisca de Celorio con un cartel de 'Se alquila' en su balcón.
Un chalé situado en la localidad llanisca de Celorio con un cartel de 'Se alquila' en su balcón. / NEL ACEBAL

El perfíl de personas que optan por este tipo de alojamientos estivales es el de un matrimonio con dos hijos, aunque los grupos grandes son cada vez más frecuentes

LAURA CASTRO LLANES.

Las suaves temperaturas, la belleza de paisajes y playas y la gastronomía sitúan al Oriente de Asturias entre uno de los destinos vacacionales predilectos. Por eso, no es de extrañar que el grado de ocupación de localidades como Llanes o Ribadesella ronde cifras muy prometedoras que «rozan la excelencia». Así lo pronostica César Gómez de la Fuente, gerente de Ruralia, quien asegura que encontrar alojamiento entre los hospedajes rurales de su web es «un sueño imposible de ver cumplido». Unas cifras muy similares a las del 2016 y que los expertos califican de «éxito rotundo», en comparación con años anteriores donde el grado de ocupación había descendido notablemente como consecuencia de la crisis económica.

Con el mes de agosto prácticamente completo, la mejor opción de encontrar un piso o una casa para alquilar este verano en las principales localidades del Oriente es adelantar las vacaciones a julio, cuando aún es posible hacerse con algún hueco. Sin embargo, los expertos pronostican que pronto se llegue al cupo máximo y advierten que apenas quedan alojamientos de estas características para un máximo de tres días y entre semana. Además, ya es casi imposible encontrar un 'chollo'. Los precios por arrendar apartamentos y viviendas completas se duplican en la temporada estival, con el fin de compensar las carencias del resto del año.

«Un piso de dos habitaciones pasa de costar 60 euros la noche en invierno a 120 o incluso 140 euros en verano», destaca Marga Gavito, de la inmobiliaria llanisca La Plaza. Lo mismo sucede con las casas de alta capacidad (de 6 a 12 personas) que pueden llegar a costar hasta 300 euros por noche. De esta forma, no es de extrañar que un alquiler en Llanes o Ribadesella pueda llegar a costar hasta 2.000 euros la quincena. Lejos quedan los veraneantes que alquilaban una casa o un piso para un mes completo. Ahora, las vacaciones duran entre una y dos semanas, dependiendo de la distancia que recorran los turistas, los días libres de los que dispongan y el precio.

La mayoría de las reservas se realizaron a principios de año y ya hay acuerdos cerrados para el verano de 2018

El perfil de las personas que buscan piso para las vacaciones estivales se mantiene: un matrimonio con hijos, interesados en una vivienda con dos habitaciones. Sin embargo, comienzan a ser crecientes otros perfiles entre los que se cuelan la unión de varias familias o grupos de amigos. «Los conjuntos de 12 personas formadas por colegas o varios matrimonios con hijos comienzan a ser otra gran masa entre los veraneantes», apunta el gerente de Ruralia. Sí que se ha ampliado, por otro lado, el abanico de procedencia geográfica de los visitantes del Oriente en verano.

Los madrileños siguen manteniéndose a la cabeza con su imperiosa necesidad de alejarse del estrés diario en la gran capital. Los vascos continúan demostrando su enamoramiento por el territorio asturiano que se extiende desde Lastres hasta las Peñamelleras, en el límite con Cantabria. Sin embargo, empiezan a ser cada vez más frecuentes las visitas desde el sur, con varios andaluces agobiados por el elevado calor de sus provincias o de los residentes en las comunidades del interior de España como Aragón o La Rioja.

También se animan cada vez más europeos como los ingleses y alemanes. El Camino de Santiago o el Parque Nacional de los Picos de Europa sirven de foco de atracción durante el resto de la temporada y les genera la inquietud y las ganas de repetir el viaje en los meses de verano. Además, suelen ser los más previsores. Un matrimonio alemán ya ha solicitado alojamiento para 15 días en Ruralia para agosto de 2018. No con tanta anticipación, pero sí con bastante antelación han reservado los españoles sus alquileres para este verano. De hecho, la mayoría cerraron sus vacaciones en enero, febrero y los más relajados después de Semana Santa. Un buen indicativo que se suma al grado de ocupación de este año para afirmar que el Turismo está regresando a las estadísticas más propias de los tiempos anteriores a la crisis económica.

El Oriente, como un todo

A pesar de que Llanes y Ribadesella siguen siendo las localidades con más adeptos, inmobiliarias y empresas como Ruralia han conseguido abrir el abanico para reducir la masificación de las costas. «Los visitantes no perciben los pueblos como entes individuales, ven el Oriente como una unidad», señala Gómez de la Fuente. Cada vez son más los veraneantes que ven en el interior asturiano una buena alternativa a la masificación de las zonas costeras. Las buenas comunicaciones por autovía y los precios más competitivos, invitan a mirar hacia la montaña. El Mirador del Sueve, en Colunga, Cangas de Onís, Arriondas o Cabrales ofrecen alojamientos para este verano por precios que se reducen hasta los 20 euros por persona y noche.

«O cuidamos el turismo y lo gestionamos con mucha inteligencia o nos va a ir muy mal», añade el gerente de Ruralia quien asegura que hay ya una notable masificación y que aparcar en verano en Llanes o en Ribadesella es toda una hazaña. Gómez de la Fuente reconoce que «se nos está yendo de los manos». Una teoría que comparten otros expertos del ámbito inmobiliario que aseguran que «están faltos de camas» y que se debería promover el turismo en otras épocas del año para «no notar tanto el bajón».

Cuando los turistas han consumido sus días libres, los últimos rayos de sol y los valientes se han pegado el último chapuzón en el Cantábrico, la zona costera del Oriente pasa del abarrotamiento a una calma cuyo sabor recuerda ligeramente a la temporada invernal. Los asturianos no dudan en aprovechar la descongestión de los meses más otoñales para escaparse un fin de semana dentro de la región y los pisos en alquiler comienzan a recibir nuevos perfiles de inquilinos: unos de viernes a domingo y otros de larga estancia. Este último es el caso, entre otros, de los profesores interinos destinados en la comarca que buscan un hogar temporal de septiembre a junio. Inquilinos apetecibles para los propietarios que no quieren ver sus inmuebles cerrados a cal y canto hasta la próxima temporada estival.

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