Antonio Batalla 'Machi', de la mar al callejero de Llanes

Antonio Batalla 'Machi' en el puerto de Llanes / NEL ACEBAL.
Antonio Batalla 'Machi' en el puerto de Llanes / NEL ACEBAL.

El veterano pescador dará su nombre a una plaza en el barrio de Bustillo por petición de sus propios vecinos | El segundo de veintidós hermanos, comenzó a faenar con solo doce años y se dice que es el último superviviente de la batalla de El Mazucu

GLORIA POMARADA LLANES.

Nacido y criado en el barrio llanisco de Bustillo, Antonio Batalla (Llanes, 1919) está cerca de regresar a las calles que lo vieron crecer. El pleno del Ayuntamiento aprobaba en su última sesión -por iniciativa de la asociación de vecinos- dar su nombre a una plaza del barrio, el mismo que abandonó junto con sus padres y los «dos equipos de fútbol» que conformaban la descendencia de los Batalla Díaz al conseguir una de aquellas viviendas de familia numerosa concedidas por el régimen franquista. 'Machi', como es conocido, fue el segundo de veintidós hermanos, una posición que imprime carácter, como demostraría al hacerse a la mar por primera vez con solo doce años.

Criado en una familia de pescadores que llegó a Llanes procedente de Tazones, atraída por la captura de langostas, 'Machi' comenzó como aprendiz en los grandes barcos que en los años treinta partían del puerto local. En esa época despertó también su inquietud política, que le llevaría a afiliarse a las Juventudes Socialistas.

La fama de «gran percebero» y uno de los últimos pescadores «de primera división» precede hoy a este hombre de mar al que la Guerra Civil sacó de su medio natural con destino a las batallas que se libraban en las montañas, con apenas diecisiete años.

Ocho décadas después, 'Machi' aún recuerda su paso por la batalla de El Mazucu, librada en septiembre de 1937 y de la que, cuenta, es el último superviviente. En su memoria están también fijados otros episodios de la contienda vividos en la zona oriental, como el bombardeo de la legión Cóndor o la presencia del destructor Canarias frente al paseo llanisco de San Pedro. En una ocasión, rememora, emprendió el camino a casa cruzando los montes, hasta que la Guardia Civil le dio el alto. Por suerte, conocía a los agentes y pudo continuar.

De la contienda salió con una herida de metralla que le atravesó el cuello «de lado a lado» y una pena de trabajos forzados que le llevó por las cárceles de El Coto en Gijón, Bilbao, Navarra y Madrid. Guarda de aquella época anécdotas curiosas, como su condena en la capital de España, donde tuvo que retirar sacos de arena del Museo del Prado.

Tras las desventuras de la Guerra Civil, puso rumbo al Cantábrico y a ese destino que, irremediablemente, le conducía a perpetuar la saga de pescadores de los Batalla. Su primera embarcación en propiedad llegaría de la mano de su amigo 'Tisto', con el que compró 'La Sisina'. El nombre de aquel navío les vino dado: 'La Sisina' rendía homenaje a la hija de su anterior propietario, José Valle, cuñado del que fuese presidente en la etapa final de la dictadura y los albores de la monarquía, Carlos Arias Navarro.

Su siguiente barco, también junto a su inseparable 'Tisto', fue 'La Guía', armado en un astillero en la provincia gallega de Lugo. «Yo los tengo visto llegar con 500 kilos de pescado y 200 de percebes, que se pagaban a 12,50 pesetas el kilo», rememora de aquella época uno de sus cuatro hijos, Antonio Batalla. «Era fenomenal, esperábamos en el puente a que llegase con besugos, bonitos...». La espera, sin embargo, adquiría otro cariz para la esposa de 'Machi', quien «lo pasaba fatal, el puerto no es el de ahora. Se salía bien, pero se entraba mal», apuntan sus hijos Isidro y Antonio, quienes recuerdan como una de sus peores experiencias aquella ocasión en la que la mala mar obligó a 'Machi' a desviarse hacia el puerto de San Vicente de la Barquera.

Sus conocimientos de la mar no solo le reportaron suculentas capturas, Batalla y su socio se encargaron de instruir a las siguientes generaciones de marineros. Es el caso de Ángel Zubizarreta, quien llegaría a convertirse en capitán de la marina mercante. En sus hijos, sin embargo, su maestría tuvo distinto calado. «Mi padre todavía se acuerda de un 12 de octubre de hace sesenta años, tenía yo quince, cuando salimos en una lancha y acabé vomitando», relata Antonio, su primogénito. Mientras que los descendentes de 'Tisto' prosiguieron con el oficio, ninguno de los cuatro Batalla quisieron continuar con la saga de pescadores. Así, los amigos tomaron distintos rumbos, «cada uno por su lado pero sin reñir ». 'Machi' siguió en solitario, a bordo de 'La Guapa', hasta su jubilación en los años ochenta.

El retiro no le alejó del oficio, pues uno de sus hábitos desde entonces es acudir a la rula para comprar pescado a sus familiares. Hoy, a los noventa y ocho años y tras el «bajón» que atravesó este verano, trata de continuar con la rutina y completar a pie el recorrido de dos kilómetros que le lleva al puerto y la tienda de electrodomésticos de sus hijos, en la avenida de Méjico. Ni los achaques ni la edad, cuentan, han podido con la «memoria prodigiosa» de 'Machi', como tampoco con su carácter afable. «Siempre se está riendo», destacan de él sus allegados. «Es una persona a la que todo el mundo aprecia».

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