«Hay que aprender de Japón. Allí obligan a segar el ocle y a replantarlo»

El buzo Julián Cembreros
El buzo Julián Cembreros / T. B.

«Arrancarlo es una barbaridad. En aquellos sitios donde se hizo en Llanes hace 40 y 30 años no volvió a crecer», asegura el veterano buzo Julián Cembreros

Terry Basterra
TERRY BASTERRALlanes

El inicio de una campaña de extracción de ocle en aguas de Llanes y Ribadedeva por parte de buzos apoyados por barcos, siempre que el TSJA, levante la paralización cautelar que ha aplicado sobre esta actividad, preocupa a algunas de las personas que son conocedoras de primera mano del lecho marino en esta zona de Asturias.

Este es el caso de Julián Cembreros, veterano buzo aficionado, que fue contactado para trabajar en la primera campaña de arranque que se llevó a cabo en Llanes hará cerca de 40 años, aunque finalmente no participó en ella. Según asegura, cuando descargaron el estas algas arrancadas por primera vez junto a la rula «aparecieron cientos de centollos pequeños y también algunos pulpos». La actividad siguió permitida «durante 10 años hasta que se prohibió» y en ese tiempo «arrancaron mucho, armaron un desastre y dañaron el ecosistema, luego estuvo unos años sin haber ocle de arribazón».

Cembreros asegura que se sumergió con frecuencia para comprobar el efecto de estas costeras en los campos de gelidium de Llanes y, en aquellos donde se actuó, las rocas donde crece el ocle fueron ocupadas por otras algas, las conocidas como laminarias, «y no volvió a crecer el gelidium». «Antes teníamos ocle de más de un metro de longitud justo debajo del paseo de San Pedro. Arrancaron en esa zona y ya no hay nada. Es una barbaridad porque entre el agar viven crustáceos y peces de roca», recalca. Este hecho le llevó, asegura, a interesarse por esta actividad a nivel mundial y cómo se trabajaba en otros países (se extrae también en Asia, África o América).

Por ello, y para evitar que se puedan repetir los resultados de hace varias décadas en Llanes, Cembreros propone aprender del país del sol naciente. «Los japoneses fueron de los primeros en trabajar el aprovechamiento del ocle para uso farmacéutico, abonos, alimentación... Crearon una industria potente entorno a esta actividad de la que vivían miles de familias. Pero como lo arrancaban se les acabó. Aquello provocó una situación de emergencia. El Gobierno japonés, para solucionar el problema, optó por plantar agar en un montón de parcelas marinas. Desde entonces lo que se hace es dar concesiones a las empresas por unas determinada áreas, pero se les obliga a segar el ocle y a replantar la misma superficie que se ha recogido. De esta manera consiguieron recuperar esta industria», afirma este veterano buzo, para quien «es aprender la lección y no caer en los mismos errores. Permitir que se arranque ocle es un atentado contra la ecología marina. Hay que cuidarlo porque es un tesoro».

«Hacerlo de forma sostenible»

Y es que Cembreros insiste en que «arrancando cientos o miles de toneladas de ocle lo que se consigue es destrozar el fondo marino y su ecosistema, lo que hay que hacer es segarlo y comprobar que se hace así». «Hay que aprender de Japón. Allí obligan a cortarlo y a replantarlo», recalca.

Este buzo quiere dejar claro que «no me opongo a que se corte ocle, pero sí considero que se debe hacer de forma sostenible para que nos dure toda la vida». Por ello considera que en los barcos que se dediquen a esta actividad debería ir a bordo un inspector para garantizar que no arrancan de raíz esta alga, sino que la siegan desde el punto de fractura, para que siga creciendo. «Lo que tenemos en Llanes con el ocle es una riqueza tremenda que hay que mantener. Una parte ya se ha perdido, y se nota en que antes teníamos muchos más centollos que ahora en nuestra costa, porque es una especie que vive ente esta alga».

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