El aprendiz que logró la mejor sidra

Roberto Vicente Blanco, con una de sus botellas de sidra casera El Fareru de Truyes. /  NEL ACEBAL
Roberto Vicente Blanco, con una de sus botellas de sidra casera El Fareru de Truyes. / NEL ACEBAL

Creó su propio llagar para «ofrecerle una experiencia completa» a los turistas que duermen en su alojamiento rural El bombero Roberto Vicente Blanco ganó el certamen riosellano de caldo casero

JUAN GARCÍA RIBADESELLA.

Solo lleva cuatro años elaborando sidra, pero ya conoce el sabor de las mieles del triunfo. El campeón del IV Concursu de Sidre Caseru de La Folixa Riosellana de la Sidra, el bombero profesional Roberto Vicente Blanco, reconoce que aún es un aprendiz, pero que cada año aplica cosas nuevas «gracias al asesoramiento y los consejos de toda la gente que lleva años metida en esto». Ese es su mejor secreto, el dejarse llevar «por quienes saben más que yo sobre el mayado de la manzana». «Hay que apoyarse en esa gente que lleva toda la vida haciendo sidra en Ribadesella. Coges un poco de aquí otro poco de allí y lo adaptas todo a tus técnicas y forma de proceder», explicó.

El palo de sidra que le llevó al triunfo de esta edición lo presentó bajo el nombre de El Fareru de Truyes, nombre con el que se conoce el caserío donde hace dos años inauguraba su segunda casa rural. Sin embargo, el llagar lo tiene unos metros más abajo, en la bodega de El Rincón del Sella, su primera incursión en el turismo rural (2007). Se trata de un llagar de unos doce años adquirido en Güerres (Colunga) hace cuatro. En él intenta aplicar los conocimientos que heredó de su padre y parece que no lo hace nada mal.

El palo de sidra que le llevó al triunfo estaba elaborado con ocho o nueve variedades de manzana procedentes de Truyes, Tezangos y Sardalla. «Suelo mezclar variedades dulces con variedades ácidas o amargas y parece que ha gustado y hemos dado en el clavo», explicó. Para el mayado siempre cuenta con la colaboración de compañeros, amigos o vecinos de Tezangos, donde ha decidido fijar la residencia después de toda una vida en Truyes, en la parroquia de Collera.

«Mezclamos variedades dulces con otras ácidas y parece que dimos en el clavo», cuenta Blanco

Este año elaboró dos diferentes palos y los dos llegaron a la final, el ganador y otro que concluyó en decimosegunda posición. Los dos llevaban la misma mezcla de manzana, «pero este último tardó un poco más en fermentar y lo corché un poco antes de tiempo, no llegó a hacerse tanto como el otro y me quedó algo dulce», explicó. Sin embargo, el palo ganador lo malló a finales de noviembre y «fermentó muy escalonadamente». Estuvo tres meses en el tonel, se corchó a mediados de febrero y «pudimos comprobar que estaba hecho y que había quedado bastante bien».

Quienes en verdad le animaron a montar su propio llagar fueron los turistas que año tras año pasan por El Rincón del Sella. «Como siempre preguntan por la sidra, empezamos comprándola en un llagar para recibirles con unos culinos, hasta se nos ocurrió elaborar nuestra propia sidra para ofrecerles una experiencia mucho más completa y real, algo que a la gente le encanta», añadió este bombero de profesión y llagarero de afición. «Todo esto tiene que gustarte, hay que tener afición para hacer las cosas bien y despacio», añadió.

Al final, el resultado no pudo ser mejor. Triunfo en La Folixa 2018 con un solo punto de venaja sobre la sidra elaborada en el llagar que La Ruta de Pepín tiene en Sirviella, otro ejemplo de turismo de experiencia asturiano.

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