Arriondas vive «con miedo a nuevas inundaciones» ante la ausencia de obras

Una de las islas de sedimentos, cubiertas de maleza y vegetación, a las orillas del río Piloña a su paso por Arriondas. /  FOTOS: NEL ACEBAL
Una de las islas de sedimentos, cubiertas de maleza y vegetación, a las orillas del río Piloña a su paso por Arriondas. / FOTOS: NEL ACEBAL

Hoy finaliza el plazo dado por el ministerio para definir la urgencia del proyecto de protección, que los vecinos reclaman desde el desastre de 2010

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

Se acaba el plazo fijado por el Ministerio de Medio Ambiente para definir su postura respecto a la ejecución de las obras de protección de Arriondas frente a las riadas. El pasado mes de abril, el Gobierno central trasladaba al Principado su intención de someter a un nuevo estudio el proyecto, valorado en 15,4 millones de euros, con la intención de evaluar la urgencia de la intervención. «A lo largo de enero» fue el compromiso adquirido por el ministerio para emitir su respuesta.

Un mes que hoy termina sin que hayan llegado notificaciones al respecto al Ayuntamiento de Parres, señalan desde el Consistorio. «Quedamos en la fase de proyecto y queremos que se materialice», explica el alcalde Emilio García Longo, quien recuerda, al igual que hiciera el consejero Fernando Lastra en su visita de la pasada semana al concejo, la intención de los gobiernos local y autonómico de firmar un convenio interadministrativo. «Hay voluntad de entrar a financiar ese convenio», indica.

El proyecto de protección frente a las inundaciones, elaborado por Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) -dependiente del Ministerio de Medio Ambiente- está finalizado desde 2016 y, entonces, se estimó en 2017 el inicio de las obras. «Ya no confiamos en que se hagan», sostienen vecinos de Arriondas.

En una localidad en la que instalaciones sensibles como el colegio, el centro de salud, el hospital y la residencia de mayores se encuentran en la ribera de los ríos Sella y Piloña, ven la prioridad de ejecutar el proyecto más que justificada.

En el colegio público Río Sella siguen esperando por unos muros de protección frente al pabellón de educación infantil, uno de los más afectados en la inundación de junio de 2010. «El agua llegó hasta los 1,70 metros y se llevó por delante la cristalera», explica la directora sobre unas aulas en las que un total de siete ventanales abren por completo la pared al cauce del Sella. Aquel fatídico junio, Ana María González, hoy directora, era profesora en una de las clases afectadas. «Si llega a pasar cuando están los niños en clase, no somos capaces a salir de allí», señala. El temor a nuevos incidentes sigue presente en el centro educativo, donde viven «con la espalda abierta». «Cada vez que llueve ya estamos mirando por las ventanas a ver como está el río», lamenta González. Las humedades son otra de las consecuencias que perviven en el centro, con desconchados en las paredes. «Además quedó en el suelo, cuando los niños se sientan con un cojín, al levantarse está húmedo», explica la directora.

A pocos metros del colegio, en el barrio del Tocoti, el temor también sigue presente. «Este año no llovió mucho, pero cuando se deshiele la nieve...», apunta María Jesús Cardín. Su vivienda, en un bajo, fue una de las más afectadas y su familia tuvo que permanecer en un hotel durante un mes. «Estuvimos cuatro días sacando agua», rememora. «Seguimos con miedo, siempre mirando para el río cuando llueve fuerte», añade.

La misma sensación de «psicosis» ante nuevos incidentes dicen vivir en la residencia de mayores, en la urbanización de Castañera, donde en 2010 tuvieron que evacuar a los ancianos en piraguas. Idéntica situación vivieron en el Hospital Grande Covián, en la misma zona de Arriondas atravesada por el río Piloña. Para este tramo contempla el proyecto de Confederación la ampliación del cauce a la altura del puente del parque de La Concordia, hasta un ancho de 60 metros, así como la creación de un talud en la parte inferior. También se levantarán muretes de dos metros de altura. En la zona del río Chico el plan proyecta los mismos muros, así como la sustitución del colector y el puente de acceso a Bode.

«Lo principal es la limpieza»

Ante el retraso de las obras, los vecinos optan por el pragmatismo. Desde las inundaciones, los cauces han sido objeto de dragados puntuales, si bien consideran que es necesario mantener unas actuaciones periódicas. «Lo principal es limpiar el río, hace tiempo que las islas no se tocan», lamenta Maite Álvarez, habitual de los paseos por la senda fluvial. «Es una vergüenza cómo están las orillas y con esas islas ahí cuando haya una riada va a ser peligroso», señala Carlos Canteli en relación a los sedimentos situados en mitad de los cauces. «Hay que limpiar los ríos por el medio y quitar los árboles, que hacen tapón y es cuando sube el agua», respalda Kiko Pérez, residente en el Tocoti.

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