Los atascos regresan a Covadonga con el fin del Plan Especial de Transporte

Decenas de conductores estacionaron en la jornada de ayer en los márgenes de la carretera que conduce al lago Ercina. / E. C.

La combinación del retorno del vehículo privado al espacio protegido y el buen tiempo reinante en la jornada de ayer hizo que se repitiese una imagen que no se veía desde la pasada primavera

L. RAMOS CANGAS DE ONÍS.

Con el final de las vacaciones de verano y la consiguiente limitación del Plan Especial de Transporte a Lagos a los fines de semana hasta el próximo 1 de octubre, este lunes regresaban los coches a la carretera que une el Santuario de Covadonga con el Enol y el Ercina. La combinación del retorno del vehículo privado al espacio protegido y el buen tiempo reinante en la jornada de ayer hizo que se repitiese una imagen que no se veía desde la pasada primavera: problemas circulatorios y retenciones en la carretera de acceso.

Solo los más previsores, quienes estaban ya a primera hora de la mañana en el aparcamiento de La Tiese, ubicado a la orilla del lago Ercina, se libraron, por los pelos, del caos de tráfico registrado en la zona en torno al mediodía. Fue el caso de los gaditanos María del Carmen y Oliva Gómez y Francisco José y Antonio Domínguez. «Subimos bien pronto y no tuvimos problema ni para llegar ni para aparcar, pero cuando nos íbamos la cosa ya se estaba poniendo peor», relataron.

Efectivamente, como ya sucediese meses atrás, hubo una gran afluencia de turistas que, ante la falta de controladores, no se detuvieron en el estacionamiento de Buferrera, ubicado junto al lago Enol y donde quedaban numerosas plazas libres, y se dirigieron directamente al de La Tiese, mucho más pequeño. La poca capacidad de este último hizo que pronto se llenase y muchos de los conductores, en lugar de dar media vuelta y regresar a Buferrera optaron por estacionar en los márgenes de la ya por sí estrecha carretera, dificultando la salida y entrada de nuevos vehículos al lugar.

Los madrileños Jesús Serrano e Izaskun Molinos se encontraron de frente con todo el revuelo de coches y, ante la imposibilidad de circular con normalidad, decidieron cambiar de rumbo y visitar la capital del concejo cangués. «Aquello parecía una auténtica romería. Había muchísimas personas y coches, era una locura», manifestaron.

Los trabajadores que hacen las veces de controladores, por su parte, se mostraron temerosos de que la situación empeore, pues solo van a contratar a cuatro reguladores para los fines de semana», indicaron.

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