Los avellaneros advierten de que la despoblación rural amenaza al sector

Román Canal y su mujer preparan las avellanas cosechadas para su venta. / FOTOS: NEL ACEBAL

La cosecha de este año fue «una de las mejores de los últimos ejercicios», pero los recolectores temen que parte se pierda por falta de manos

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

La celebración del Festival de la Avellana se acerca y las perspectivas son positivas. Tras lo acontecido en la pasada edición, donde la falta de fruto llegó a poner en riesgo la celebración del evento, recolectores y Ayuntamiento respiran aliviados con la buena cosecha de este 2017. Los compradores pueden estar seguros de que no faltará fruto local el próximo domingo.

Sin embargo, la problemática de la avellana de Piloña sigue abierta y la situación futura de esta producción afronta graves problemas que no acaban de encontrar solución. Una problemática que enlaza con el resto de males que acosan al campo asturiano y que se pueden resumir en una sola palabra: despoblación. Un cosechero lo explicaba estos días de una manera muy gráfica: «Los mayores están dejando de recoger las avellanas porque ya no tienen fuerza para tener por los caños y si ellos no lo hacen...». Pues eso, si los mayores no encuentran un relevo, va a ser difícil que la avellana de Piloña tenga futuro, aseveran los expertos.

Las administraciones han debatido en muchas ocasiones medidas que se podrían poner en marcha. Sin embargo, nada ha dado resultado hasta la fecha, porque el gran problema es que las zonas rurales no tienen vecinos, los jóvenes se marchan a buscar trabajo a lugares más poblados y el campo, con su riqueza agrícola, se va perdiendo.

Es lo que asevera otro veterano cosechero, Juan Luis Fernández, de La Matosa, quien debe trabajar en otros sectores para completar sus rentas del campo. Este año tiene previsto acudir al festival. En principio ha calculado una cifra de unos sesenta kilos para llevar al certamen, siempre que pueda llegar a cogerla, «porque dependo de que el trabajo me lo permita». Señala que la cosecha ha sido muy buena, «superior a la de los dos últimos años, y especialmente el pasado», aunque también es conscientes de que muchas avellanas se perderán por falta de manos para recogerlas.

La solución a esta problemática no es sencilla, reconoce Fernández, «y lo único que servirá es que se favorezcan las condiciones para que el campo sea rentable y los jóvenes puedan dedicarse completamente a él. El cuidado de un cultivo, como por ejemplo la avellana, no es algo que se pueda hacer de manera ocasional, tiene que ser una labor constante», asevera.

También pendiente de su situación laboral está Laura Díaz, de El Tozu. Aunque este año también ha hecho una buena recolección debido a la abundante cosecha, «con muchas avellanas aunque algo más pequeñas», no ha decidido todavía si acudirá al festival, puesto que depende de sus ocupaciones laborales.

A Isolina Lobeto, de Espinaréu, también le ha ido bien con la cosecha. Destaca que «hay muchas, aunque algo más pequeñas, pero esto es normal, a más cantidad, menor tamaño». Ha logrado recoger unos 150 kilos que pondrá a la venta este domingo. Es una buena cifra, aunque en este caso también pone sobre la mesa la falta de ayuda. «Mucho fruto se pierde porque el campo envejece y los mayores no pueden realizar esa labor de recogida y de mantenimiento», indica. Aunque es habitual en los puestos de venta del festival, no tiene intención de inscribirse en el concurso de mantenimiento de plantaciones.

Román Canal, de El Tejedal, también ha recogido una buena cifra, unos cien kilos. «Ha estado bien, es una buena cosecha, el año pasado no pudimos recoger más que 50 kilos», explica, recordando el problema fundamental del fruto, «que sigue faltando gente y la situación va a peor. Cada vez aumenta más la edad media», lamenta. Aún así, se muestra partidario de seguir apostando por el Festival de la Avellana. «Debe seguir, no podemos dejar que desaparezca», manifiesta.

Valentín Santos, de El Fresnedal, confirma la buena cosecha, aunque en su casa solo se recogerán frutos para el consumo propio, este año no tienen previsión de acudir al evento del 1 de octubre. Eso sí, Valentín suele ser fijo en el concurso de artesanía en madera, actividad en la que destaca habitualmente.

Plataforma de apoyo

Debido a la situación de riesgo claro por la que atraviesa el cultivo de la avellana en Piloña, un grupo de cosecheros y personas interesadas en su mantenimiento han puesto en marcha la plataforma denominada Gabitu. Este año han mantenido un encuentro previo al festival en el que valoraron la cosecha, «y los buenos datos que nos hacen llegar los cosecheros este año», indica uno de sus promotores, Cándido Díaz.

Una de las principales iniciativas de Gabitu es la de impulsar el contacto entre compradores y vendedores, para que la cosecha tenga siempre una salida. «El año pasado no hubo nada que hacer, debido a que la cosecha fue escasísima, pero en esta ocasión, como hay abundancia, quizás podamos echar una mano a la hora de favorecer esa venta», añade. El colectivo también ha logrado impulsar un pequeño grupo recolector que solicita permiso a los propietarios de ablanares, para recoger aquel fruto que se va a perder. Poco a poco están logrando recoger ciertas cantidades, que pueden llegar a ser significativas, en el volumen de fruto que habitualmente no se llega a recoger en el concejo.

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