Benia viaja al pasado en un ambiente bucólico y pastoril

Mujeres y niñas bailaron al ritmo marcado por la Asociación folklórica Picos de Europa.
Mujeres y niñas bailaron al ritmo marcado por la Asociación folklórica Picos de Europa. / FOTOS: JUAN LLACA

Los socios de la comisión y los vecinos se reunieron en el campo de la iglesia para celebrar una comida campestre con más de doscientos asistentesLa capital de Onís celebró el día grande de la fiesta del Segador con una gran romería y juegos tradicionales

GUILLERMO FERNÁNDEZ BENIA.

Como cada 28 de agosto desde el año 1951, la localidad de Benia, capital del concejo de Onís, celebraba ayer la fiesta del Segador, una actividad de regreso al pasado con sabor bucólico y pastoril que hace 66 años apadrinaban Agustín Ugedo, médico del concejo por aquellas fechas, y Constante Sánchez, propietario de la finca de La Rasa, donde se celebraban los festejos.

A mediodía de ayer se iniciaba el desfile folclórico por todos los barrios de Benia y por la tarde se celebraban los concursos de cabruñu, siega a guadaña, carreras de sacos y en madreñas, tiro de cuerda y levantamiento del sábanu.

La comitiva festiva matinal iba encabezada por la Agrupación Folclórica Picos de Europa, dirigida por Javier Torroba Pellico. Sin que faltara el toque de las panderetas, acompañados a la gaita por el parragués Tomás Montes y al tambor por Raquel Muñoz, el grupo formado por 14 personas se mostró incansable con la interpretación de bailes tan conocidos como las jotas de Coralín y Caldueño, las muñeiras de Batribán y el Centro, el Saltón y el Xiringüelu de Naves.

Tras el grupo folclórico aparecía un carro del país arrastrado por los bueyes 'Cachorro' y 'Galán', ramaleados por el llanisco Juan González 'El Marineru', vecino de Balmori. En el interior del carro se desplazaban María José Bulnes Granda y Ángel Sánchez Sánchez, zagala y zagal, respectivamente, del año 2017. Ellos eran los encargados de repartir entre vecinos y turistas la 'parva', un bocadillo que queso de Gamonéu macerado con sidra o anís que formaba parte del desayuno de los segadores. Los bueyes se presentaron lustrosos y equipados con los complementos tradicionales: yugo, cornales, melenas, frontil, mosqueras y lloquerada. Y llevaban bien apretada la trichoria para que roncara la exa. Por detrás aparecían otros dos carros del país desplazados por tractores y trasladaban en su interior a decenas de niños.

María José Bulnes, la zagala, que trabaja como administrativa en una empresa de telefonía en Oviedo, se declaró una «enamorada de la fiesta», de la que no se pierde ninguna edición. Y el zagal, Ángel Sánchez, es miembro de la familia que regenta la explotación 'Vega de Ario', dedicada a la fabricación de Gamonéu del Valle con leches de cabra y vaca.

A primeras horas de la tarde se repartía el bollu y la botella de vino entre los 150 socios de la fiesta y a continuación se celebraba una comida campestre en la finca que circunda a la iglesia parroquial y que cuenta con la sombra benéfica de árboles centenarios.

En este mismo espacio se celebraron los juegos del Segador. Ramón Sánchez fue el ganador del concurso de cabruñu y Antonio Sánchez hizo lo propio en el de siega. El premiado de levantamiento de sábanu fue Juan Sánchez de la Vega. Los más veloces fueron Carlos Fryero en la carrera de sacos y David García en la de madreñas. Tras los premios, el broche de oro con la verbena a cargo de las orquestas Stereo y Luz de Luna.

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