Bueyes de Onís, apuesta de calidad

Los bueyes de raza casina de Onís están alimentados de forma natural en los pastos de Benia. / NEL ACEBAL
Los bueyes de raza casina de Onís están alimentados de forma natural en los pastos de Benia. / NEL ACEBAL

La carne de la raza casina se degustará en dos restaurantes de Langreo y Llanera | La ganadería y los compradores de los establecimientos quieren acabar con «el habitual engaño» de ofertar vaca vieja en lugar de cabestro

LAURA CASTRO BENIA.

«Apostamos por la calidad de una raza autóctona». Ese es el objetivo del proyecto que emprendieron hace casi seis años Noel Tomé Remis, su hermano Florentino y María Virgós en las fincas de La Huertona en Benia, Onís. «En la zona no hay otra ganadería que se dedique en exclusividad a los bueyes de casina», aseguró Tomé. En Asturias, solo la de Cabrero ha hecho una apuesta tan firme por estos animales como sinónimo de calidad.

La carne de Bueyes de Onís se podrá degustar en los restaurantes de Peñamea, en Posada de Llanera, y en La Llariega, en Langreo. «Hay mucha más demanda que oferta, pero esta es la verdadera calidad porque se trata de animales que llevan cinco años pastando en buenos praos y eso te da garantías de que el producto es natural», describió Marcelino Vigil Pérez, propietario del establecimiento langreano.

Ambos restaurantes quieren acabar con la polémica de ofrecer carne de vaca vieja como si fuera de buey. «Podremos presumir de ser los dos únicos establecimientos de Asturias en los que se puede degustar la raza casina que es uno de los productos más autóctonos», expresó Goyo Fernández, representante del restaurante Peñamea de Posada de Llanera. Ambos locales llevarán a cabo unas jornadas gastronómicas conjuntas para promocionar la carne y buscar la forma de darle continuidad. «Trabajamos en función de la demanda y es un riesgo, pero suponemos que será un éxito porque se trata de un producto en unas condiciones reconocidas», continuó Fernández, quién recalcó que el objetivo último de esta apuesta es «ofrecer lo mejor, lo nuestro».

El precio de la carne rondará los 60 euros el kilo y buscan que «todos puedan saborearlo»

Los hosteleros deben hacer cálculos porque es la primera experiencia de este tipo en la que se embarcan, pero el propietario de La Llariega asegura que buscarán la forma de que «todos puedan saborearlo» y valoró que el precio al público rondará «los 60 euros el kilo». Además, explicó cómo distinguir la carne de buey de la de vaca vieja: «tiene un toque más fuerte y una textura muy diferente».

Una empresa familiar

Tomé, su hermano Florentino y María Virgós se declaran «amantes de la buena carne» y por eso decidieron aprovechar las fincas que tenían en Benia para apostar por un producto «propio, exclusivo y de calidad». El proyecto es un trabajo a largo plazo porque adquirieron los primeros animales cuando apenas tenían ocho meses y se alimentaban de leche materna. A partir de ahí, los castraron y empezaron a pastar en sus praos hasta los cuatro años y medio. Es entonces cuando comienza la etapa de «cebar» a los animales y complementaron su alimentación con piensos naturales a base de maíz y soja. Este último ingrediente es clave para la infiltración de la grasa en la carne.

«Si hubiera que darles forrajes y suplementos, los costes se dispararían», confirmó Tomé, quien añadió que «la alimentación natural es la que les da un plus de calidad». Actualmente, disponen de cuatro ejemplares en la etapa adecuada para ser sacrificados. «Calcularemos en función de la demanda para saber cuándo empezar a cebar a los bueyes», puntualizó el dueño de la ganadería.

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