El carnaval para los relojes en Llanes

Locas del 'Manicomiu'/
Locas del 'Manicomiu'

La comparsa 'Tic-tac' se impuso en una edición que derrochó imaginación | Más de quinientas personas con disfraz y una veintena de grupos inundaron las calles de la villa de color y mucha «guasa»

GLORIA POMARADA LLANES.

Solo el carnaval puede conseguir que los «locos, dementes, psicóticos» den mucha risa, las monjas se levanten los hábitos y las calles de Llanes se transformen en el cauce del Mississippi. El de ayer fue un antroxu con mucha «guasa», ya lo anunciaban por la popular aplicación de mensajería móvil los integrantes de 'Estamos de guasap', una comitiva de 'smilies' en la que no faltaron la carita sonriente, el guiño burlón o el gesto de susto. Porque susto era precisamente lo que daba desde la lejanía la carroza del 'Manicomiu de los horrores' y sus personajes dantescos. No obstante, según se iba acercando el desfile al numeroso público congregado en las calles de la villa, el miedo se transformaba en carcajadas.

Un Napoleón que buscaba desaforadamente a su Josefina, un Nosferatu con una inclinación perversa por las enfermeras, y que acabó electrocutado en la silla eléctrica, o una madre trastornada que agitaba al aire la cabeza de su retoño supieron entretener a los espectadores con una actuación inspirada en el circo de los horrores de Suso Silva. «Hemos sido lo más fieles posible, llevamos trabajando desde noviembre», contó Priscila Alonso sobre esta carroza del grupo de Niembru, integrada por una treintena de «locos, dementes, psicóticos», tal y como proclamaron a gritos por las calles de la villa.

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Desde el mismísimo Nueva Orleáns y en barco de vapor llegaron los 'Mississippi Queen' de Lledías, que surcaron las calles entre el ritmo del jazz y los cánticos de los esclavos, pues tampoco los trabajadores de los campos de algodón faltaron en esta fiel comitiva integrada por medio centenar de personas que comenzaron en diciembre a preparar sus atuendos y un atrezo compuesto por piano, embarcación y mesa de póker. De un poco más cerca, de Gijón, llegó la comparsa 'O'Culo Moyau', que encabezó el desfile, o las marionetas del club 'El Hórreo'. «Este año nos animamos por primera vez a venir a Llanes, pero también vamos a estar en Gijón, Avilés y Villaviciosa», contó Antonio Gayo, al que sus compañeros definen como «la cabeza a la que se le ocurren los primeros premios». No se equivocaron, pues su comparsa resultó la ganadora grupal.

En el desfile tampoco faltó la música, desde sevillanas a los temas sesenteros. A esa época de flequillos a lo 'beatle' y pantalones de campana regresaron los 'Pequevespas' de la clase de 1º B del colegio Peña Tú. Con sus patinetes transformados en la popular motocicleta italiana, los pequeños exhibieron por la villa su trabajo del último mes al ritmo de aquellas canciones que sonaban en la década prodigiosa, como el 'Si yo tuviera una escoba' de Los Sílex. Quienes sí tenían su escoba fueron las pequeñas brujas y magos de 'Abracadabra', cocinados a fuego lento dentro de una cacerola motorizada por una maléfica hechicera.

Y el ritmo continuó en el antroxu al son de las sevillanas de 'Folixa Andaluza', grupo integrado por una treintena de personas, ataviadas ellas con traje de traje de faralaes y ellos de cordobés. «Somos el grupo más antiguo del carnaval, cuando solo salían un par ya estábamos nosotros», contaron los folixeros del sur.

De tintes reivindicativos fue la comparsa 'Por una pensión digna', en la que niños caracterizados como ancianos con muletas y tacatás despertaron tanto la sonrisa como la reflexión en los espectadores. Especialmente en los de mayor edad, que se tomaron con buen humor la peculiar representación.

Los de Posada La Vieja, por su parte, adecuaron este año su disfraz al tiempo. No al del temporal que atraviesa Asturias, que ayer dio una tregua para celebrar la velada carnavalesca, sino al que marcan las manecillas del reloj. 'Tic-tac' fue la apuesta con la que compitieron y que cerró con sus sofisticados engranajes y vistosos atuendos el desfile de este 2018.

Pero el fin de la marcha no implicó que se clausurase la fiesta, pues las quinientas personas inscritas en el carnaval llanisco se encargaron de mantener la juerga por las calles de la villa. Unicornios, rebaños de ovejas, la taza Chip o las imprescindibles princesas prolongaron la celebración en los bares, ya que este año el antroxu llanisco prescindió de la tradicional verbena.

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