Las castañas, como legado familiar

De izquierda a derecha, Charo, Denís, Mara, Miriam y Hortensia, con las castañas para el festival . / J. L.
De izquierda a derecha, Charo, Denís, Mara, Miriam y Hortensia, con las castañas para el festival . / J. L.

Hortensia González se prepara junto a su hija y sus tres nietas para el festival de Parres que tendrá lugar los días 11 y 12 de noviembre

LAURA CASTRO ARRIONDAS.

Una pasión que la salvó en los momentos más duros de su vida y que está dispuesta a instaurar como una tradición entre las mujeres de su familia. Así es como ve Hortensia González su afición por la recolecta de castañas, que alcanzará el momento cumbre los días 11 y 12 de noviembre con el festival de Parres, al que se presentará con 300 kilos.

«Es un vicio, es mi única diversión y me encanta compartirla con mi hija y mis tres nietas», explica la parraguesa, quien no puede evitar emocionarse como una niña al enseñar los cestos que elabora a mano exclusivamente para el festival. «Los hago con verdasques de avellano que recojo en la luna menguante de enero», comenta, antes de añadir que «todo esto me hace mucha ilusión. Me paso el año entero pensando en el festival».

Al principio, era su hijo Rubén el que más empeño le ponía a esta afición, pero cuando murió en un trágico accidente hace cuatro años, Hortensia decidió convertir las castañas en el legado familiar para honrar su memoria. «Concentrarme en el certamen durante todo el año es lo que me ayudó a superar su pérdida. Él siempre tenía muchas ganas de participar. Por eso, decidí seguir», reconoce Hortensia, quien hasta este año se presentaba también a la feria de la Huerta, que se celebra el mismo fin de semana. Ahora, su hija Charo ha cogido las riendas de las verduras y hortalizas que tienen en la finca de la localidad de Huexes, cerca de Arriondas. «Vamos por separado al festival, pero ambas colaboramos codo con codo en los dos puestos para que todo sea original y salga perfecto. Nos lo pasamos muy bien haciéndolo entre nosotras y con las niñas», señala Charo.

Y no están solas en esa ardua misión. «Mi abuela y yo pasamos varias noches en vela seleccionando, tejiendo cestos y ultimando detalles. La semana antes del certamen es la peor», asegura la nieta mayor Denís, de 18 años. Le encanta formar parte de este legado junto a su madre y su abuela y quiere transmitírselo también a sus hermanas pequeñas. Por eso, se implica junto a Mara, de 12 años, y Miriam, de 6, disfrazándose de castañeras y explicando a los que se acercan al puesto los entresijos que esconde la recolección de estos frutos.

Hortensia es la más activa. Nunca cesa en su empeño por innovar y buscar nuevas formas de presentar los puestos del certamen para «entrar por los ojos» a todos los visitantes y al jurado que otorga el premio. «Sería aburrido si cada año hiciéramos lo mismo, por eso tenemos que innovar», afirma. Sin embargo, reconoce que las horas de recolección, selección y elaboración de cestos y adornos dejan poco tiempo para la creatividad y la imaginación, pero «acabamos apañándonos para sorprender en todas las ediciones».

La puesta en escena de este año «es secreta», pero toda la familia recuerda con cariño como fue la del pasado, cuando llevaron un castañal en miniatura por el que corría incluso un riachuelo de agua. «Está claro que si no tienes buenas castañas, hay poco que hacer», destaca, «pero sé que las nuestras lo son, porque tenemos hasta setenta clases distintas, desde Valduna hasta Parruca, y las hemos escogido con mucho tiempo y cariño».

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