Cielo abierto para la lluvia de bombas

Alejandro Fernández, en la exposición 'Cangas bajo las bombas'. /
Alejandro Fernández, en la exposición 'Cangas bajo las bombas'.

El historiador Alejandro Fernández analiza cómo la industria y la geografía marcaron el devenir de la Guerra Civil en AsturiasEl tiempo atípico favoreció la ofensiva de la Legión Cóndor sobre Cangas de Onís

GLORIA POMARADA CANGAS DE ONÍS.

«Nunca como en octubre de 1937 se retrasaron tanto las nieves y se vieron cielos tan despejados». La percepción de ese otoño atípico apuntada por el militar republicano Adolfo Prada tras la ofensiva de la Legión Cóndor sobre Cangas de Onís explica para el historiador Alejandro Fernández la destrucción de la capital del concejo. El climatológico, expuso ayer durante su conferencia en el ciclo de 'Cangas bajo las bombas', es uno de los cuatro factores que vertebran el análisis histórico sobre la resistencia republicana en el Oriente de Asturias. «Fue un factor determinante, los días típicos de orbayu podían impedir el avance de los nazis. Si los aviones no vuelan y no hay ofensivas no se avanza», indicó Fernández.

A pesar de que el componente climatológico no cayó del lado de los republicanos, el «fervor político» de las milicias permitió prolongar una resistencia que defendió «cada palmo hasta el final». El terreno, disputado «loma por loma», es el tercero de los elementos que decantaron la balanza de la contienda. También la industria, analizó Fernández, fue clave en el devenir de la Guerra Civil en Asturias. «Estaba con los republicanos, pero producía a un 30% de su capacidad». La conjugación de estos elementos provocó el 10 de octubre de 1937 la caída definitiva de Cangas de Onís tras cuatro bombardeos acometidos por la aviación alemana, la Legión Cóndor. «La historia oral de Cangas dice que los vecinos fueron a refugiarse a las cuevas de La Güelga y de los Azules», lo que rebajó el número de víctimas. No obstante, la destrucción de la zona fue tal que los periódicos de la época denominaron a Cangas «el Guernica o el Durango» de Asturias. Sobre las ruinas aún incendiadas de la localidad se fraguaron las primeras teorías propagandísticas. «Los nacionales dicen que fueron los dinamiteros republicanos los que a su huida destruyeron Cangas. La cuestión veraz es que los nacionales ya habían mentido en Guernica y Durango», relató Alejandro Fernández, que hoy modera la última de las sesiones sobre la contienda, a las 19.30 horas en la Casa de Cultura de Cangas de Onís.

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