«Mucha gente se pone a recorrer los Picos sin prepararse ni consultar el tiempo y tenemos que hacer de detectives para localizarles»

El teniente Pablo Villabrille, durante unas prácticas de la sección de Montaña en la Torre de Santa María, a 2.486 metros de altitud. / V. PEDREGAL
El teniente Pablo Villabrille, durante unas prácticas de la sección de Montaña en la Torre de Santa María, a 2.486 metros de altitud. / V. PEDREGAL

Pablo Villabrille Sampedro, Teniente Jefe de la Sereim de Cangas de Onís: «Lo que más complica los rescates suele ser la falta de información»

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

En la Sección de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil con base en Cangas de Onís siempre hay algo que hacer. Las prácticas en todo tipo de condiciones, las salidas para conocer al dedillo el terreno y los entrenamientos son continuos. Precisamente en medio de una semana de formación con todos los grupos que dirige (Cangas de Onís, Mieres, Potes, Sabero y Puebla de Trives), el Teniente Jefe Pablo Villabrille habla con EL COMERCIO de lo que suponen para él y sus compañeros reconocimientos como el Sifón de Oro que recogerán en la ciudad canguesa el sábado.

-En primer lugar, enhorabuena.

-Muchas gracias, estamos encantados. Todo reconocimiento para nosotros es siempre bien recibido, no solo por el premio en sí, sino porque eso manifiesta un poco el sentir de la sociedad. Significa que está contenta con nuestro trabajo, que lo valora, lo agradece. A mí, sinceramente, es lo que más me llena.

-Forma parte de uno de los equipos más queridos por la gente.

-Cada especialidad dentro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado tiene sus cometidos. Los nuestros son los que más entroncan con temas humanitarios, con cosas más entrañables. Ya llevamos bastantes años, pero estos últimos estoy notando, en el día a día, que la sociedad se ha volcado mucho. Esta pasada semana estábamos en la estación cántabra de Alto Campoo realizando las prácticas y era raro el esquiador que no paraba y te decía algo como: «¡Ánimo valientes! ¡Vaya grandes que sois!». La verdad es que se agradece.

-Todos los años suena entre la sociedad el nombre de su sección para el Premio Princesa de Asturias de la Concordia, ¿qué supondría su concesión?

-A nivel institucional, sin duda sería el mayor reconocimiento que podríamos tener, dejando a un lado el más grande, que como digo es el de la gente a diario. Qué ocurrirá o qué no, ya son cosas que, evidentemente, se me escapan. Para todo en esta vida siempre hay grandes colectivos y grandes personas que lo merecen. Como se ve año tras año, todos los galardonados tienen un nivel muy alto, así que si algún día en el futuro hubiera sitio para nosotros, sería lo más grande.

-El vídeo de la entrega de medicamentos a una vecina de la pequeña localidad pongueta de Viboli durante las nevadas de las últimas semanas ha dado prácticamente la vuelta al mundo, ¿cómo fue el recibimiento?

-Con estas cosas te das cuenta de cómo la gente valora un gesto así por nuestra parte. El recibimiento fue de lo más caluroso. En un pueblo que está aislado completamente saber que va a llegar gente a entregar esas medicinas que a la mujer le hacían falta es el evento de la semana. En Viboli habitualmente viven cuatro vecinos y dos de ellos nos estaban esperando a unos doscientos metros del pueblo, que era lo que tenían pateado. Según llegamos a casa todo fueron elogios, nos invitaron a café de puchero, a bizcocho que hacen ellos y estuvimos charlando durante un buen rato. No fue nuestra intervención más técnica, pero se te queda grabada.

-¿Cómo fue su trabajo durante el temporal?

-Nos estuvimos acercando a los pueblos aislados durante toda la semana. Dividía al personal en patrullas y los iba llevando a Viegu, a Sotres y demás. La gente no te solicitaba cosas porque les daba apuro, pero en cada sitio ayudábamos a alguien a llegar al ganado, a transportar bombonas de butano, lo que fuese. Entonces pensé que quizás hacía falta ayuda a alguien que directamente no nos iba a llamar y me puse en contacto con los alcaldes de cada municipio, quienes me iban orientando. Así fue como nos enteramos de que la vecina de Viboli necesitaba las medicinas.

Grandes desniveles

-¿Qué tienen los Picos de Europa para atraer a cada vez más gente?

-No es por vender el producto nacional, pero son algo único. La orografía que tenemos, las paredes de roca caliza... Vienen montañeros de muchísimos sitios de dentro y fuera de España a hacer actividades, pues esto es una pasada a nivel de escalada, de senderismo, de alta montaña, de montaña invernal, etc. Es uno de los macizos más complicados de España por los desniveles que tenemos. Existen montañas más altas, en los Pirineos por ejemplo, pero las nuestras son técnicamente muy exigentes.

-¿Cuáles son los principales errores que cometemos en la montaña?

-La mayor parte son negligencias muy fácilmente evitables y suelen ser parecidas. Te encuentras a gente que se pone a recorrer Picos sin prácticamente información ni orientación alguna. Además, aquí el tiempo es muy cambiante y hay muchos días de niebla, pero es habitual que no planifiquen la actividad ni consulten la meteorología. Los senderistas son los que más cometen esos errores y no preparan la actividad. Aquí tenemos la cara oeste del Naranjo de Bulnes, que es la mayor pared de escalda de España, y los rescates son muy puntuales, aunque técnicamente es muchísimo más complicada que cualquier ruta de senderismo, que al final son las que nos dan más trabajo.

-Es decir, ¿los escaladores van más preparados?

-Todos los alpinistas que van a escalar en hielo, roca o son esquiadores de montaña, suelen ir más preparados, sí. También es verdad que al final esto no deja de ser una estadística, los senderistas son muchos y entre que tienen menos cualificación muchos de ellos y que son más, lógicamente vas a tener más accidentes de ese tipo.

-¿Ha cambiado el perfil de los rescatados en los últimos años?

-Hoy en día hay mucha más tecnología, pero más o menos las cosas siguen siendo iguales. Por ejemplo, este último rescate que tuvimos, el de los polacos en la ruta del Cares, casi ni sabían de dónde venían. Sacando una foto tuvieron un accidente y el ileso tuvo que pasar la noche con el herido, pues no se daba n cuenta de que estaban muy próximos a Caín, se le podía haber sacado el mismo día. De hecho, habían recorrido como dos tercios de la ruta y en vez de ir hacia la localidad leonesa, el acompañante volvió sobre sus pasos hasta Poncebos. Le preguntabas por dónde estaba su compañero y no te sabía dar ningún dato. Te encuentras situaciones de esas a montones.

Recomponer las piezas

-¿Es entonces el desconocimiento de la zona lo que más complica los rescates?

-Nuestro problema no es tanto la parte más técnica de la intervención, sino la falta de información. Por ejemplo, recibes una llamada casi de noche, cuando la familia echa en falta al afectado, pues muchas veces van solos o no dan datos de dónde van, y ya descartas el uso del helicóptero. Entonces tienes un puzzle y debes recomponer las piezas para intentar entender cuál es la ruta que siguió, dónde se pudo haber extraviado... Es un trabajo de detectives. Además, muchas veces tienes tan pocos datos que no sabes cómo están los afectados y tienes que salir de noche en condiciones meteorológicas terribles, como sucedió con los que encontramos resguardados en una cabaña en Cabrales, a quienes podíamos haber ido a buscar a la mañana siguiente, pero no sabíamos cómo estaban. Ante la duda no puedes decidir no salir.

-La pregunta del millón, ¿cuál fue su rescate más complicado?

-Podría decir varios, cada uno tiene lo suyo. Recuerdo el del portugués que estuvo perdido en Picos de Europa y no fue posible localizarlo hasta que no se fue la nieve. Pero una de las cosas más atípicas que me encontré fue un barranquista que se quedó atrapado en una fisura en Galicia y en el intento de liberarse se quitó el arnés, que luego fue lo que hacía de ancla y no permitía extraer el cuerpo. Además de las complicaciones técnicas, pues era un barranco de unos treinta metros, tuvimos que improvisar, ya que las técnicas habituales de rescate no servían. Modificamos un puntal de obra y con unos escudos antidisturbios conseguimos entre varios desviar los torrentes de agua, que estaban endemoniados, para que los que estaban abajo con el puntal pudieran acceder al arnés.

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