Coya revive a la guaxa, el vampiro de la mitología

Sesión sobre el mito del vampiro en Coya, Piloña. /  E. CARBALLEIRA
Sesión sobre el mito del vampiro en Coya, Piloña. / E. CARBALLEIRA

«Se ha convertido en una especie de bruja por motivos religiosos», apuntan los expertos en unas jornadas celebradas en Piloña

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

Los vampiros existen y no son puramente figuras míticas creadas solo en la imaginación humana. Los ponentes encargados de glosar estos personajes en las jornadas del misterio celebradas este fin de semana en Coya fueron rotundos a la hora de confirmar su existencia, pese a que muchos de los aspectos que los rodean han sido exagerados por la literatura y el cine. José García Medina y Acisclo Álvarez-Sala se encargaron de iluminar el conocimiento de estos personajes que también tienen su reflejo en la mitología asturiana.

«En Asturias también tenemos vampiros, que se han visto identificados en la mitología con la figura de la guaxa», explicó García Medina, recordando que a este personaje se le ha querido maquillar «dotándolo de otros componentes sacrales por motivos religiosos» y convirtiéndolo, por tanto, «en una especie de bruja».

Sin embargo, la guaxa responde mejor a una figura vampírica «que queda representada por elementos muy característicos, como el hecho de que tenga dos dientes, dos colmillos con los que chupa la sangre». La guaxa, según el mito, se introduce en las casas aprovechando cualquier hueco y les chupa la sangre a los niños que duermen o a las mozas sanas. Noche tras noche, aprovecha esta sangre mientras sus víctimas pierdan peso, enferman y, finalmente, mueren. En algunos casos, también se identifica a la guaxa con la figura de la curuxa, recordaron. José García relató asimismo la existencia, en la Asturias del pasado, de creencias que apuntaban que «algunas dolencias y padecimientos se podían aliviar tomando la sangre de los niños». Por esta razón, «cuando un extraño llegaba a un pueblo, se guardaba a los pequeños en la casa».

El investigador considera que incluso en la actualidad existen casos que enlazarían con el vampirismo: «Yo mismo, navegando por el internet oscuro, pude localizar grupos de parejas que, por causas orgánicas, hacen un corte en la espalda de sus compañeros y chupan su sangre». Esto podría ser considerado un caso de vampirismo, «aunque el resto de elementos como los ajos o los crucifijos, no les afectan; serían elementos que se quedarían en el apartado del mito», ironizó.

Por su parte Álvarez-Sala quiso centrarse en casos conocidos de vampirismo, comenzando por el que está considerado como el primer no muerto: Jure Grando. Se trata de un personaje croata que ya sembraba el terror entre los aldeanos de Istria doscientos años antes de que Bram Stoker crease su célebre Drácula.

La leyenda señala que Grando fue un campesino que falleció en el año 1656, transformándose en un ser malvado capaz de levantarse de su tumba. Entre sus fechorías se contaba que abusaba de su propia viuda. Su rostro era aterrador, con una sonrisa maléfica y una boca sangrienta, recoge la leyenda. El párroco y los vecinos quisieron poner fin a aquella maldición y tras varios intentos de atravesarlo con estacas de madera, lograron finalmente, en 1672, decapitarlo y devolver la paz al entorno, cuenta la tradición.

Las jornadas de misterio de Coya consiguieron despertar el interés de muchos asistentes que se acercaron al local social de la pequeña localidad, tratando de encontrar una visión más real de los temas relacionados con la brujería, el vampirismo y la parapsicología. Como señalaba José García Medina, «un parapsicólogo debe ser un psicólogo primero». Considera que estos temas se deben tratar desde un punto de vista más serio y alejado de la búsqueda de rentabilidad económica.

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