El delirio por las calles de Llanes

Cientos de simpatizantes de la Guía inundaron la zona de Las Barqueras y no pararon de ofrecer culetes a los asistentes.
Cientos de simpatizantes de la Guía inundaron la zona de Las Barqueras y no pararon de ofrecer culetes a los asistentes. / FOTOS: NEL ACEBAL

Cinco carrozas y cuatro bandas de gaitas salieron en el desfile del Bollu de la Guía | Culete a culete, los simpatizantes de la fiesta repartieron mil botellas de sidra entre vecinos, turistas y curiosos al paso de la comitiva por la villa

GUILLERMO F. BUERGO LLANES.

A primeras horas de la tarde de ayer miles de personas abarrotaban las calles de Llanes para no perder detalle del desfile folclórico del Bollu de la Guía. En un recorrido kilométrico, que comenzaba en la zona escolar y finalizaba en el campo de la Guía, centenares de personas enfundadas en el atuendo asturiano, cinco carrozas, dos xarrés y cuatro bandas de gaitas formaban parte de la comitiva. Al llegar a la vera de la capilla de la Virgen, la lluvia hacía acto de presencia pero los enfervorizados romeros retiraban los mil bollos preñaos y otras tantas botellas de vino a los que como socios tenían derecho. Los más previsores, protegidos por jaimas y toldos, continuaban la fiesta con la degustación de elaboraciones gastronómicas propias. Eso sí, se suspendía la romería que iba a ser amenizada por los gaiteros.

El desfile por las principales arterias de Llanes, de oeste a este, resultó multitudinario. Al frente del mismo se situaban David Prada y Begoña Valle, presidente y vicepresidenta de la comisión de festejos. Y a su lado aparecía la banda de gaitas Llacín, bajo la batuta de Vitor Carbajal. Un lustrosa yegua anglohispana, de nombre 'Jimena' y montada por Sergio Fernández, se situaba tras los gaiteros de Porrúa.

Por detrás venía una carroza que homenajeaba a los emigrantes y otra apadrinada por los vecinos del barrio Bustillo, que escenificaba la ermita de la Guía. De seguir a las dos plataformas se encargaba la banda de gaitas Gumial, llegada desde Moreda de Aller y dirigida por Ángel Cuesta. Otra carroza, una alegoría a la abundante pesca, y una gigantesca madreña empujada por el corito Manuel Manzano seguían la estela trazada en el asfalto.

37 gaitas y 18 tambores de la banda Llacín abrían al cortejo por las abarrotadas arteriasLos mil socios que tiene la fiesta retiraron el bollu y la botella de vino junto a la ermitaDos lustrosos equinos cerraban la marcha arrastrando las xarrés de Andrés Carreño

A continuación aparecía la banda de gaitas Ciudad de Cangas de Onís, dirigida por Jesús Gómez, y una plataforma, con un espantapájaros, que representaba una escena rural. Seguía la banda de gaitas Picos de Europa DOP-Cabrales, bajo la batuta de Héctor Braga. Y por detrás, los vecinos de Parres conducían otra carroza que representaba una romería asturiana. Dos xarrés de Andrés Carreño, guiadas por los caballos 'Fetén' y 'Rayo', así como la amazona Bárbara Rivero, a lomos del equino 'Urán', cerraban el cortejo.

Mil botellas de sidra

Intercalados entre bandas de gaitas y carrozas, se hacían visibles varios centenares de simpatizantes de la Guía, ataviados con trajes típicos asturianos, que, culete a culete, fueron repartiendo mil botellas de sidra entre vecinos, turistas y curiosos que abarrotaban las arterias y aceras del centro de la villa.

Al llegar al campo de la Guía se abrían las torrenteras del cielo y comenzaba a llover. No obstante, y de forma ordenada, tuvo lugar el reparto del bollu y la botella de vino entre los mil socios de la fiesta. Y desde cestas de mimbre, mochilas y los más variados envoltorios, fueron surgiendo exquisitas viandas que los lugareños mejor pertrechados frente al agua aportaban de su propia cosecha. En aquel momento, la pradería había pasado a convertirse en un original comedor que tenía por techo la grisácea bóveda celeste. La comisión decidía trasladar al verbena a la plaza de Las Barqueras.

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