Derroche de ilusión de los Magos de Oriente

Cangas de Onís. El rey Melchor saluda a los pequeños cangueses. / JUAN LLACA
Cangas de Onís. El rey Melchor saluda a los pequeños cangueses. / JUAN LLACA

Los Reyes acompañaron a los niños en 23 cabalgatas de trece concejos de la comarcaEn barco, carroza o tractor, las comitivas reales repartieron juguetes y cientos de kilos de caramelos

G. P. / L. R. / E. C. / J. G. LLANES.

La de ayer fue una noche mágica en la comarca. Tan mágica que las agoreras previsiones sobre el mal tiempo dejaron paso a un cielo despejado en el que la estrella de Belén guió con su destello a Sus Majestades hacia su encuentro con los más pequeños. Trece de los catorce municipios de la zona celebraron el día más especial del año para los niños, algunos por partida doble e incluso triple, pues fueron 23 las cabalgatas programadas.

Los Reyes llegaron al Oriente asturiano preparados para escuchar las peticiones de los niños y, también, para adaptarse a los cambios introducidos este año en los desfiles. Tal fue el caso de Llanes, donde Gaspar, Melchor y Baltasar desembarcaron, por primera vez en tres décadas, a bordo de un yate que les llevó hasta el puerto deportivo. La expectación era máxima minutos antes de su llegada, anunciada por la sirena del puerto, y Sus Majestades no defraudaron. Así, las pequeñas llaniscas Lucía Fernández y Mía Fuello, de ocho y cinco años, reconocían que les había «encantado» la nueva forma de acercarse hasta la villa. También estaban fascinados los hermanos Noel y Mauro, de seis y tres años, quienes no eran capaces de ponerse de acuerdo a la hora de quedarse con un solo rey, pues mientras el mayor prefería a Gaspar, el pequeño se decantaba por las blancas barbas de Melchor.

Tras saludar a todos los niños que fueron a recibirles a orillas del Carrocéu, los Reyes Magos subieron a sus carrozas para participar en una colorida cabalgata en la que no faltaron ni los romanos que garantizaban su seguridad, ni una comitiva de hebreos de la Banda Gaites Llacín que amenizaron el desfile interpretando villancicos. Sin perderse ni un solo detalle, Ander Etxebarría, residente en Bilbao pero con raíces en Llanes, aseveraba que la cabalgata de la villa no tenía nada que envidiar a la del Olentzero, mientras que las pequeñas Carla y Lola Uriarte se mostraban entusiasmadas tras ver cómo su prima Natalia viajaba, como paje, en una de las carrozas de Sus Majestades.

Tras ser recibidos por las autoridades locales a las puertas del Consistorio, los Reyes Magos se asomaron al balcón del mismo para instar a pequeños y mayores a «no perder nunca la ilusión, pues es el motor que mueve el mundo».

En otra de las villas marineras de la comarca, Ribadesella, los Magos de Oriente repitieron el transporte marítimo. Una vez en tierra, se acomodaron en las carrozas y dieron inicio a una lluvia de caramelos que desató la locura entre pequeños y mayores, algunos con bolsas repletas de dulces. «Lo que más me gusta de la cabalgata son las chuches. ¡Tengo como mil!», exclamó el pequeño Juan Martino. Tras el desfile de egipcios, romanos, pajes y, cómo no, los mismísimos Reyes Magos, quienes recibieron a los niños en unos tronos instalados en la plaza Nueva. Tres filas, una para cada rey, fueron el peaje antes de obtener el preciado encuentro. «Mi favorito es Melchor, como el de mi madre», contó Amanda Ballesteros. «El mío Gaspar», confesó Celia Álvarez.

En Cangas de Onís la ilusión llegó a bordo de tractores, camionetas y camiones. En una comitiva de 150 figurantes, entre pajes, ángeles, africanos, romanos de la asociación Em burria y malabaristas de fuego, los Magos recorrieron las calles hasta llegar a la iglesia, donde aguardaba un belén viviente en homenaje a oficios tradicionales, como el panadero, la filandera y la castañera. Al son de la banda de gaitas de Cangas y los villancicos de la Escuela de Música, el público fue entrando al templo, donde les aguardaba la sorpresa de la jornada. Para evitar las aglomeraciones originadas por padres a la búsqueda de la preciada foto de su pequeño en el regazo de los Magos, el Ayuntamiento instaló un photocall del que los niños salieron con su propia foto impresa. «El que más me gustó fue Melchor porque tiene la corona más grande», admiró Rodrigo Fernández, de cinco años. «Vivimos en Oviedo pero venimos todos los años a Cangas porque aquí es más entrañable, los Reyes hablan con todos personalmente y esa ilusión no se encuentra en otros sitios», destacaron María, Toñina y Lucía González.

Atención personalizada

La atención personalizada de Sus Majestades llegó a sus cotas más altas en Valle Oscuro. El último reducto llanisco al que llegó la luz eléctrica se iluminó ayer con fuegos artificiales con motivo del desfile de los Reyes, que recorrieron una ruta de ocho kilómetros repartiendo regalos como balones, muñecas y juegos de hacer churros a cada uno de los 58 niños menores de diez años de Tresgrandas, Santa Eulalia, Pie de La Sierra y La Borbolla. Los mayores tampoco se quedaron sin regalo, pues los miebros de la asociación cultural de Carranzu repartieron entre sus vecinos 500 bolsas de caramelos. «Con poca cosa se puede hacer muy felices a los niños, no hacen falta cabalgatas estrambóticas», valoró el respnsable de la entidad, Roberto Penas.

En el vecino concejo de Ribadedeva las previsiones de mal tiempo modificaron la ruta original, que trasladó la recepción de los soportales del Ayuntamiento al interior de la iglesia. Por su parte, los habitantes de las Peñamelleras vivieron el 5 de enero en Panes. En Ponga, los Reyes se pasaron por San Juan, Sobrefoz, Abiegos y Sellaño. En Cabrales, Arenas y Carreña fueron los enclaves elegidos, así como la residencia. En Amieva, los tres magos recibieron a los niños en el Ateneo de Sames y en Onís hicieron lo propio junto al belén viviente del Ayuntamiento. Por su parte, en Caravia desfilaron en todoterreno hasta la Casa de Cultura.

En Piloña, tres fueron las cabalgatas celebradas, las de Infiesto, Villamayor y Sevares. En la capital piloñesa, los magos de Oriente cubrieron el recorrido habitual, desde El Horrín, aclamados a lo largo de la Calle Covadonga, por cientos de personas. Por su parte, en Villamayor partieron de la Estación y llegaron a la iglesia, donde les aguardaban decenas de niños y un coro intergeneracional integrado por las mayores del Taller de Memoria y pequeños pastorcillos.

También en Parres y Colunga vivieron la magia de la víspera de Reyes, en el caso colungués al son de una decena de gaiteros de la Banda Villa de Xixón y una comitiva de cuarenta figurantes, entre romanos, moras, pastores y pajes.

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