Localizado el cuerpo del buzo vizcaíno desaparecido en Ribadesella

El coche fúnebre, en el puerto de Ribadesella.
El coche fúnebre, en el puerto de Ribadesella. / T. B.

Arístides Becares, de 56 años y vecino de la localidad vizcaína de Getxo, quien se había desplazado hasta la comarca para realizar una inmersión al pecio del 'Neretva'

TERRY BASTERRA RIBADESELLA.

Miembros del Salvamento Marítimo y del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) han localizado esta mañana el cuerpo sin vida del buceador desaparecido este sábado, tras realizar una inmersión frente a las costas de Ribadesella. En las labores de búsqueda participaron el helicóptero de Salvamento Helimer, una embarcación y un remolcador de apoyo.

El buzo desaparecido es Arístides Becares, de 56 años y vecino de la localidad vizcaína de Getxo, quien se había desplazado hasta la comarca del oriente de Asturias para realizar una inmersión al pecio del 'Neretva', un mercante de bandera croata que se hundió a dos millas de la costa riosellana en 1992 y que se ha convertido en un gran atractivo para los amantes del buceo de profundidad debido al arrecife que se ha formado en él y a la gran cantidad de peces que lo frecuentan.

Arístides, dentista de profesión y con consulta en Barakaldo, formaba parte de un grupo de siete personas integrado por buzos expertos del País Vasco y Cantabria. A primera hora de la mañana partieron del puerto deportivo de Ribadesella a bordo de la embarcación 'Ereba'. Aunque en un primer momento se pensó que el desaparecido podía haber quedado atrapado en una de las bodegas del pecio, posteriormente sus compañeros indicaron que fue nada más iniciar la primera inmersión cuando perdieron de vista a Arístides, a apenas unos metros de la superficie. La intensa corriente y la poca visibilidad hicieron que desapareciese en apenas unos segundos.

Arístides Becares, de 56 años, contaba con experiencia en este tipo de inmersiones

«No se veía nada»

Las condiciones de la mar ayer no eran las mejores. Al viento del norte se sumaba una corriente que arrastraba ya con fuerza a pocos metros de profundidad, según aseguraban otros buzos que habían salido por la mañana a realizar pesca submarina también en aguas de Ribadesella. La visibilidad tampoco era la mejor debido a la mañana lluviosa, con el cielo plomizo y las nubes bajas. Submarinistas riosellanos aseguraban que ayer «a cinco metros de profundidad ya no se veía nada». Todo ello dificultó las labores de búsqueda.

Los siete buzos del 'Ereba' contaban con la titulación necesaria para la práctica de submarinismo de profundidad -el 'Neretva' está hundido a cincuenta metros bajo la superficie del mar- y tenían gran experiencia en realizar inmersiones a pecios. De hecho, algunos de ellos se conocían principalmente de compartir afición y realizar viajes juntos para practicar esta actividad. Ayer especulaban con que su compañero podría haber sufrido algún tipo de indisposición nada más iniciar la inmersión, «quizás un infarto», apuntaban, ya que no encontraban otra explicación a lo sucedido.

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