Estrellas de colores para sacar a los chicos de la calle

Un momento de la presentación en la Casa de Cultura llanisca.
/N. A.
Un momento de la presentación en la Casa de Cultura llanisca. / N. A.

El Patiu pretende importar un exitoso modelo navarro de reinserción de estudiantes conflictivos

LUCÍA RAMOS LLANES.

«Nuestros chavales son los que salen mal en la foto del curso o directamente no salen». Hace diecisiete años, Vidal Díaz y sus compañeros del centro La Ribera (Cascante, Navarra) dejaron sus respectivos trabajos para dedicarse en cuerpo y alma a devolver la autoestima y la ilusión por el futuro a aquellos estudiantes adolescentes a quienes ningún profesor quiere en su aula. Unos chavales a los que, pese a que en los centros educativos convencionales «se dejan la piel» por integrar en clase, el instituto no les interesa lo más mínimo y que encadenan una expulsión tras otra, un fracaso tras otro.

Son chicos y chicas que se han autoconvencido de que no sirven para nada y de que de ellos nada se espera. Pero en el pequeño centro de La Ribera, así como en una docena más de espacios similares repartidos por la geografía española, se resisten a tirar la toalla con ellos. «Estos chicos no tienen ningún horizonte, pero nosotros se lo tenemos que dar. No se trata de rebajar el listón y que el resto de alumnos que sí están interesados en estudiar lo paguen, sino de ofrecerles a quienes no consiguen funcionar con el sistema habitual una alternativa», explicaba ayer por la tarde Díaz.

Lo hacía en la Casa de Cultura de Llanes, invitado por la asociación El Patiu, cuyos integrantes pretenden importar el modelo de los de Cascante al Principado. «Durante mi paso por el instituto de Llanes pude comprobar cómo hay alumnos con serios problemas de comportamiento que finalmente obligan a tomar medidas disciplinarias. Las expulsiones palian temporalmente el problema, pero no son la solución, ni para el centro, ni mucho menos para los chavales», explicó Ángel Álvarez, exdirector del instituto.

En la actualidad, esos chavales conflictivos tienen la oportunidad de acudir a las instalaciones de la asociación El Patiu, donde se esfuerzan por sacarles de la calle, mantenerlos ocupados y evitar, así, que terminen cayendo en situaciones de riesgo. Sin embargo, para los miembros de la entidad esto no es suficiente. «Sabemos que los chavales responden y conocemos la experiencia de La Ribera en Navarra, donde han obtenido muy buenos resultados, así que queremos abrir la puerta para poder construir algo similar en Asturias», indicó Jesús García Morán, presidente de la asociación llanisca. Efectivamente, adelantó, tras mantener en las últimas semanas encuentros con directores y profesorado de diferentes centros de la región, lo próximo será hacer lo propio con los diferentes grupos parlamentarios.

Atención personalizada

El trabajo que Vidal Díaz y sus compañeros llevan a cabo en Cascante está amparado no solo por la Ley de Educación, sino por una normativa foral. Así, los chavales son detectados por los propios orientadores de los centros, quienes remiten un informe a Inspección Educativa y, tras obtener el visto bueno de la familia, son derivados a La Ribera. «Solemos tener entre 16 y 18 chavales cada curso, y somos cinco profesores, así que la atención es bastante personalizada y al ser un grupo pequeño cualquier conflicto es más fácil de solucionar entre todos», explicó Díaz. Y recalcó ese entre todos, pues lo importante es «hacer sentir a los chicos que son protagonistas de su propia historia».

Uno de los trucos que utilizan, agregó, es el de premiar con estrellas de colores el trabajo y el buen comportamiento. «Las pueden canjear por refrescos o bolsas de patatas y aunque pueda parecer una tontería, funciona. Para ellos es algo nuevo que se les aplauda y se les reconozca lo que hacen bien», aseveró.

El proyecto educativo de La Ribera está enmarcado en el Programa de Currículos Adaptados y durante el tiempo que pasan en el centro los chavales estudian las materias tradicionales -matemáticas, lengua, geografía, etc.-, pero también aprenden albañilería, cocina y carpintería, entre otras cosas. La finalidad es que después se 'reenganchen' en FP.

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