Fallece a los 93 años Amada Sánchez, la molinera de Vibaño

Amada Sánchez regentó durante 60 años el molino de La Pevida. / E. C.
Amada Sánchez regentó durante 60 años el molino de La Pevida. / E. C.

Trabajó durante 60 años en el molino de La Pevida, una instalación muy acreditada al producir harina «especial y única»

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

A la edad de 93 años fallecía ayer en Collado, concejo de Siero, la llanisca Amada Sánchez Sánchez 'Amada la del Molín', una mujer entrañable, abierta y extraordinaria conversadora que hasta hace tres años regentaba el molino de La Pevida, en la localidad llanisca de Vibaño. Era la madre y abuela, respectivamente, de Antonio y Joaquín Sobrino, exciclistas profesionales.

Amada había contraído matrimonio en la década de los cincuenta del pasado siglo con Ramón Sobrino Díaz, un vecino del pueblo que tras haber emigrado a Francia oficiaba en el concejo de Llanes como albañil y fontanero. Los antepasados de Ramón habían comprado al conde de la Vega del Sella el molino de La Pevida, una industria que se alimenta de agua a través de un canal del río Cubuxiella, afluente del Bedón. Cuando el maíz era una importante forma de subsistencia, a la instalación que atendía el matrimonio acudían a moler centenares de familias del concejo de Llanes, desde Vidiago hasta Pría, así como los residentes en los valles de Caldueño y Ardisana.

En épocas de gran esplendor de los molinos, siempre situados a la vera de algún río, las instalaciones servían para relacionarse los vecinos de pueblos muy diferentes y en esas situaciones se movía Amada como pez en el agua. Allí, en La Pevida, fue tejiendo una red de amistades y complicidades que la hicieron conocida en toda la comarca.En los 60 años que Amada ofició en La Pevida apenas alteró sus costumbres. Mantenía la molienda perfectamente ordenada en sacos de tela a la espera de la llegada de los clientes, que en tiempos pretéritos acostumbraban a pagar con el sistema de la maquila, un tanto por ciento del grano molturado. Debido a que la familia siempre mantenía a punto las partes que integran un molino, la harina de aquella instalación gozaba de gran fama, y algunos clientes la definían como «especial y única».

Su hijo Antonio recordaba ayer que Amada fue «ama de casa y molinera» y explicaba que la familia, de la que también formaban parte sus dos hermanos, Belén y Miguel, había sido muy adelantada al tiempo que les tocó vivir: «fuimos hijos sin restricciones, nos controlaban pero había libertad, funcionábamos como una democracia sin ataduras». Hoy, a las 16 horas, tendrá lugar en la iglesia de San Pedro de Vibaño el funeral de Amada Sánchez y posteriormente recibirá sepultura en el cementerio parroquial.

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