La Faustino Sobrino, 24 años de sangría económica

La Faustino Sobrino, 24 años de sangría económica

Los productos financieros permiten la continuidad de la institución, que aún suma tres millones de patrimonio. De seguir así, «en diez años» tendría que cerrar, estima el patronatoLa Fundación y residencia llanisca acumula desde 1993 unas pérdidas que suman siete millones de euros

TERRY BASTERRA R. O. LLANES. LLANES.

Un nuevo gerente nombrado el pasado mes de agosto y que cuenta con una dilatada experiencia como director de recursos humanos en una importante multinacional, una salida honrosa para la religiosa que durante quince años ha dirigido la residencia, además de adoptar una serie de iniciativas para contener el gasto y tratar que todos los internos abonen la estancia. Estas son algunas de las medidas que desde el pasado agosto se están aplicando en la Fundación Faustino Sobrino, una institución que en los últimos años acumula pérdidas por valor de 6,928 millones de euros, según los datos hechos públicos por el patronato de la entidad en las últimas semanas.

Esta situación solo ha podido ser contrarrestada, en parte, por los resultados positivos de los productos financieros de la Fundación, que son gestionados por tres compañías: las bancas privadas de La Caixa y el Herrero-Sabadell y Essentia, una empresa de asesoramiento financiero con sede en Oviedo. Entre las tres manejan el patrimonio financiero de la Faustino Sobrino, que en la actualidad se ha reducido a tres millones de euros. Tienen orden de gestionar la cartera de valores de la Fundación con «con el menor riesgo posible».

Pese a ello, debido a la delicada situación económica de la residencia, cada año se extrae parte de ese dinero en valores y acciones con el fin de cubrir las pérdidas que dejan los gastos de explotación, al no alcanzar los ingresos de la actividad para cubrir los gastos de la residencia. Pese a esta inyección de fondos -en 2015 se aportaron 183.214 euros y el pasado año 145.354- la Fundación sigue cerrando los ejercicios con saldo negativo. Este hecho hace temer al patronato por el futuro de la institución en un plazo no tan lejano. Según comunicó el pasado 23 de octubre, «el desfase económico entre gastos e ingresos arroja unas pérdidas todos los años que hacen inviable la Fundación». «Por esta senda en unos 10 años la Faustino Sobrino -una institución con 123 años de historia- se descapitalizaría y su muerte tendría fecha fija», aseguró el patronato de la entidad en un esclarecedor comunicado.

En 2019, con los cambios introducidos, el nuevo gerente espera obtener beneficios

El actual equipo de gobierno parece que ha decidido enfrentarse a este problema con el fin de solucionarlo. Al menos así se desprende de los últimos datos que se han hecho oficiales. En el 2015, año en el que cambió el ejecutivo local, los ingresos que obtuvo la residencia de los residentes fue de 1,219 millones. En 2016, primer año completo de cuatripartito, esta cantidad se elevó hasta los 1,344 millones. También se redujo el gasto de personal en algo más de 20.000 euros y se ingresaron 8.389 por otras vías. Aunque el ejercicio de 2016 se cerró con un saldo negativo de menos 202.175 euros -se compensó parcialmente después con los fondos extraídos de la cartera de valores-, el pasado año fue el que se registraron unas menores pérdidas desde el 2003.

Pero el que el 2016 haya sido menos malo no es suficiente. Por este motivo el gerente contratado el pasado agosto ha propuesto una serie de medidas «para revertir la actual situación de la Fundación, con unas pérdidas anuales de explotación de 300.000 euros anuales». Daniel Marcilla avanzó hace unos días que ha presentado un plan para cambiar la tendencia de la Faustino Sobrino y que en 2019 la Fundación deje de cerrar los ejercicios con números rojos e, incluso, obtenga beneficios.

Enfrentamiento

Para ello reclamó que la que durante los últimos lustros ha sido directora del centro, la monja sor Carmen, dejase de ocupar ese puesto. Marcilla realizaba esta petición apoyándose en varias cuestiones, tanto económicas como de salud de los residentes. A este último aspecto se refería cuando, tras decidir sustituir a la persona responsable de la despensa y analizar este almacén, se descubrieron «550 kilos de comida caducada» entre legumbres, pasta y productos congelados. El gerente indicó que «a pesar de mis instrucciones precisas de no suministrar esa comida, y explicar los riesgos de intoxicación, según la directora se ha seguido dando a personas necesitadas».

En el aspecto económico Marcilla alertó en su comunicado de un «saqueó de la Fundación por parte de los proveedores, con el beneplácito de la directora, que era quien compraba y validada los precios y facturas». «Se les aplicaban precios entre un 30 y un 150% superiores al del mercado», añadió el gerente. También se realizaron «compras de comida por encima de las necesidades en múltiples ocasiones». Se adquiría, según Marcilla, un 50% más de lo que se precisaba, y además una parte de esos alimentos desaparecían. Por eso el gerente pidió también al patronato el despido de la responsable de cocina.

Además había, según el gerente, una mala organización del trabajo de las empleadas, descontrol del cobro de los residentes -solo en 2016 por este motivo se perdieron 75.000 euros- o «pagos de facturas que no se corresponden al funcionamiento de la residencia». En este aspecto incluye el abono el pasado año de 5.717 euros como pago por culto en las propias instalaciones. El pasado año la Fundación compró 12.420 hostias, cuando el consumo anual del centro, según el gerente, ronda las 5.500.

Por todos estos motivos Marcilla solicitó que se apartase a sor Carmen de la dirección de la residencia, algo que ha aprobado el patronato y la propia congregación religiosa a la que pertenece, las Reverendas Terciarias de San Francisco, bajo el título de monjas de la Divina Pastora. La congregación nombrará a una nueva directora, cuando disponga de una monja con el perfil adecuado, y que centrará sus funciones en el culto y en el acompañamiento a los ancianos, no en la gestión económica.

Las acusaciones del gerente fueron negadas por la todavía directora (deja el cargo el 15 de diciembre). Respecto a la presunta comida caducada, indicó que había sido donada por Cruz Roja y el Banco de Alimentos y se podía consumir este 2017. Y sobre las compras a un precio mayor al del mercado, afirmó que adquirían los productos a empresas del concejo, aunque sus tarifas fuesen más elevadas que las ofrecidas por otros negocios. «Tengo la conciencia tranquila. En los quince años que llevo dirigiendo la residencia nunca nadie me acusó de nada», aseguró la religiosa, quien añadió que «quizás me haya equivocado en algo, pero jamás actué de mala fe y todo lo que hice fue buscar siempre lo mejor para los ancianos». El enfrentamiento entre ambos desembocó en varias protestas de decenas de vecinos a favor de la directora y las monjas. El patronato recalca que, pese a los cambios introducidos, las monjas seguirán en la residencia.

Cruzó nueve veces el Atlántico e incluso había comprado los terrenos y descrito cómo debía ser el futuro edificio de la residencia. El indiano Faustino Sobrino dejó tras su muerte 200.000 pesos para la fundación de la institución que había concebido en vida con el fin de que fuese la última morada de muchos llaniscos. El primer patrono fue José Parres Sobrino, quien gestionó la llegada de las monjas Franciscanas a la institución, y Anastasia Somohano Galguera la primera anciana inscrita en el registro de esta residencia fundada en 1894.

Entre 1930 y 1975 las religiosas vivieron en la indigencia. Recibían donativos puntuales de la organización de corridas de toros, venta de ropa, partidos de fútbol o de los bandos.

En la década de los 80 se produjo un gran movimiento caritativo a favor de la Faustino Sobrino. Fernando Campillo les donó un inmueble situado en la madrileña calle Bardala, mientras que las hermanas Nieves y Josefina Sotres le dejaron una cuantiosa herencia. No fueron las únicas. Cayetano Rubín y varios vecinos más realizaron grandes aportaciones que permitieron fraguar el gran patrimonio de la Faustino Sobrino. Un enorme legado económico que desde hace un cuarto de siglo ha ido menguando a razón de 300.000 euros al año.

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