Dos formas de entender los Picos

Un miembro del Grupo de Rescate e Intervención de Montaña de Cangas escalando una pared en el concejo de Amieva. / NEL ACEBAL
Un miembro del Grupo de Rescate e Intervención de Montaña de Cangas escalando una pared en el concejo de Amieva. / NEL ACEBAL

Los Premios Gamonéu se entregarán el próximo 22 de octubre en Benia durante la celebración del certamen quesero

LAURA CASTRO BENIA.

Un reconocimiento a la dura vida en la montaña. Eso es lo que representan los Premios Gamonéu que otorga el Ayuntamiento de Onís y que este año han sido concedidos a los pastores José Antonio y Emilio Suero y al Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil de Cangas de Onís. Los primeros buscan salvar la montaña y los segundos salvan a personas de la montaña.

Los mayorales agradecen el galardón, pero no dudarían en cambiarlo por volver a ver los Picos de Europa como estaban cuando apenas eran unos críos. Recuerdan cómo el verde lo invadía todo, el lobo respetaba, dentro de las leyes de la naturaleza, la vida pastoril y disfrutaban de la tranquilidad de estar en un paraje natural mucho menos transitado. «Seguramente ahora viviría mejor abajo, pero solo de pensar en vender a mis animales se me parte el alma», asegura José Antonio.

Este pastor de Las Regueras recuerda todavía con cierta congoja cómo la nevada del 26 de octubre del año pasado le obligó a regresar a su cabaña en plena noche sin saber dónde estaban las cabras. «No podía pegar ojo pensando que el lobo me las mataría a todas. Todo la temporada del puerto pendiente de ellas y las iba a perder por despistarme», relata. A las dos de la mañana la intranquilidad le obligó a levantarse de la cama para ir tras ellas. «Había más de medio metro de nieve y tuve que volver a la cabaña. Tenía miedo de caerme y romperme una pierna. ¿Quién sabría dónde estaba? ¿Quién iba a rescatarme», señala. Con los ojos abiertos de par en par, esperó hasta las primeras gotas de luz y volvió a calzarse las botas para salir a buscar a sus animales. «Nunca olvidaré la emoción que sentí cuando doblé la esquina y vi que todas las cabras estaban allí. Me puse a llorar como un tonto», reconoce.

Es ese amor por sus animales y por la vida en los Picos lo que le impide vivir de manera permanente en Gamonéu con su mujer. «Ella me insiste en que ahora que los dos somos mayores podemos disfrutar la vida de otra manera y seguramente tenga razón, pero no puedo dársela y abandonar la cabaña», confiesa.

José Antonio se aferra al ideal de vida que conoció de pequeño, todo lo contrario que Emilio Suero. Este pastor de la Vega de Ceñal se vio obligado a «dar por imposible el sueño de toda una vida». Los constantes ataques del lobo a su rebaño le obligaron a abandonar su pasión y el puerto a principios del 2002, después de 65 años. «Fue una pena tremenda. Había que trabajar mucho en la montaña, pero nada me gustaba más ni me hacía más feliz», recalca. Al igual que José Antonio aprendió desde pequeño la vida pastoril y recuerda con alegría y emoción cómo pasaba los veranos elaborando queso.

Ambos mayorales conservaron la manera tradicional de hacerlo y se la transmitieron a sus hijos, quienes mantuvieron la profesión de su familia viva. «Es un estilo de vida que da paz», explica José Antonio, y quizá por eso resulta tan contagioso para las generaciones futuras. Sergio Suero, nieto de Emilio, ha creado su propia quesería en Gamonéu bajo el nombre Vega Ceñal, en honor a su abuelo y al oficio familiar.

La élite rescatadora

Los miembros del Greim de Cangas también saben lo dura que es la montaña. Son la élite del rescate de altura, pues «la orografía de los Picos de Europa hace que sean los más peligrosos del país». Acaban de cumplir medio siglo, un buen momento para recibir el Premio Gamonéu, un reconocimiento al trabajo en equipo que desempeñan en condiciones extremas. Lo más importante, «no sobrestimar las posibilidades de cada uno y tener la mayor prudencia posible en cada momento», explica Pablo Villabrille, jefe de la sección de Montaña. Su trabajo es «muy duro, pero al mismo tiempo muy gratificante».

Velan por la seguridad de los senderistas y los escaladores en los Picos, uno de los parajes protegidos que más visitas anuales reciben. El verano es el peor momento del año para el Greim, pues los rescates no dejan de sucederse con la llegada del buen tiempo. Sin embargo, están preparados para mantener la calma en todo momento y recuerdan que «por muy complicada que sea la situación, todas las decisiones que se toman en los rescates son propias» y eso les da seguridad.

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