Ganaderos que plantan las quemas

Tareas de desbroce en los montes parragueses donde se reintroducirá la reciella. /  NEL ACEBAL
Tareas de desbroce en los montes parragueses donde se reintroducirá la reciella. / NEL ACEBAL

La iniciativa de Proyecto Roble será gestionada este año por los propios profesionales, mientras la asociación busca facilitar su labor mediante cierres virtuales o collares GPS Explotaciones de Parres apuestan por el pastoreo de reciella como alternativa

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

«Sistemas de pastoreo donde no sea necesario el uso del fuego incontrolado para mantener o incrementar la calidad de los pastizales». Hacia esa meta se dirigen desde hace seis años los voluntarios de la asociación Proyecto Roble y, desde el pasado 2017, una docena de ganaderos del concejo de Parres. La implicación de los auténticos responsables del sistema de pastoreo era uno de los bastiones a conquistar por la asociación, un logro que está más cerca gracias a la implicación de un grupo pionero de doce ganaderos con presencia en montes de la zona de Fresnidiello, concretamente en las cuestas de Bode y del Reborión. En total, 300 hectáreas de monte de utilidad pública que se divide «en un 60% perteneciente a Parres y otro 40% a Piloña», explica el director de Proyecto Roble, Iñaki Aranzeta.

En marzo del pasado año, la asociación desembarcó en el concejo parragués tras un lustro de andadura en Onís, donde «no se cumplió el objetivo de no quemar», lamentan. Por ello, en su nueva etapa han apostado por implicar a los ganaderos en la restauración ambiental y de pastos. «La última vía es que sean los ganaderos quienes cumplan con un número de horas al año», explica. En ese tiempo de servicio, las tareas pasan por colaborar en los desbroces o quemas controladas, realizadas entre enero y este último mes para, a continuación, subir a la reciella a los montes. «Se trata de que la reciella los mantenga limpios, pero antes hay que limpiar las zonas llenas de maleza. Hace cincuenta años estaban limpios y ahora no se puede ni entrar. Si cae una cerilla en lugar de que mar cuatro metros arden cuarenta hectáreas», lamentan los ganaderos implicados en el proyecto.

Dejar el fuego atrás es uno de sus principales objetivos. «No queremos que se siga quemando el monte, es peligroso porque hay mucha maleza», indican. Por ello, «poco a poco» tratan de reintroducir la reciella, que es la que más come la maleza y la que más entra a pisar a sitios inaccesibles», exponen. En el mismo monte parragués existían hace dos décadas «siete rebaños de cabras y diez de ovejas», una cantidad que se fue reduciendo hasta los escasos treinta ejemplares.

No obstante, en su intención de recuperar el pastoreo para dar carpetazo a las quemas sin control, los ganaderos saben que se encontraran con «el handicap del lobo». «Si tienes ovejas y cabras te aburre, yo tenía mucha reciella, más de cien animales, y me tuve que deshacer de casi toda. No queremos exterminar al lobo, queremos que lo tengan controlado», apunta uno de los ganaderos que retomará el pastoreo.

Tras casi doce meses de andadura junto a Proyecto Roble, los profesionales del sector están listos para continuar de forma autónoma con la iniciativa. «La clave es que ese ganado que se maneja en ciertos montes públicos, como hemos hecho nosotros, continúe», explica Aranzeta. Con ese fin, la asociación ha donado dieciséis cabras y ovejas a tres de los ganaderos implicados en el proyecto. La previsión es que a lo largo de este 2018 un total de cuarenta animales pasten en los montes de Fresnidiello. El pastoreo de reciella «es una actividad casi desaparecida, hay que cambiar eso. Muchos chavales se tienen que ir del pueblo para poner copas en un pub», lamenta Aranzeta. La misma apreciación comparten los ganaderos del proyecto. «Algo hay que hacer porque los pueblos están quedando abandonados, se necesita una apuesta seria por el campo», sostienen.

La mayoría de los implicados hasta la fecha, cuenta, «tienen mucho entusiasmo» por prolongar la iniciativa, pero tampoco olvidan la necesidad de obtener resultados. «Quieren ver hechos», apunta el director de Proyecto Roble. «Tenemos iniciativa y ganas de hacer cosas, pero son palos por todos los lados, necesitamos ver que la Administración está por la labor», explican los ganaderos inmersos en la iniciativa. «Voluntad la hay por parte de todos, porque estamos viendo que el monte desaparece, pero todavía hay gente muy escéptica», añade un profesional de Llames de Parres que intentó poner en marcha un proyecto similar hace quince años. «La gente se fue desilusionando», lamenta. Con la actual iniciativa, confían, el resultado será distinto. «La gente de Proyecto Roble tiene idea y ganas», dicen. Además, ellos mismos se están «organizando y repartiendo las tareas por meses» para continuar en solitario este mismo año.

En su nueva andadura autónoma, los ganaderos seguirán contando con el respaldo de Proyecto Roble, que fija para este ejercicio tres prioridades: implicar a más ganaderos en la experiencia, integrar al Principado en las acciones y desarrollar tecnología asociada al pastoreo. «La mejora se basa en la colaboración entre ganaderos y desarrollo tecnológico, que no haya que estar tanto tiempo en el monte», explica. Entre las medidas, la asociación plantea sensores de presencia o collares con geolocalización para los animales. En este último proyecto colabora el área de Telecomunicaciones de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón. «La idea es poner a cada animal un collar con coordenadas GPS, como los que se comercializan ya para perros», indica. Además, Proyecto Roble explora otro mecanismo de control de la reciella mediante cierres virtuales y dosificadores de comida. «En función de si han comido, sabemos si están», detalla Aranzeta, quien recuerda que el propio sistema «manda un mensaje al móvil avisando del escape». «Son soluciones que facilitarían que la reciella se vuelva a emplear y de forma diferente», abunda.

Robles y castaños

Otro de los campos de acción del proyecto pasa por las infraestructuras. Actualmente está pendiente de aprobación el estudio de impacto ambiental de la prolongación en 440 metros de la pista a la cuesta de Bode, «necesaria para acercar material a las nuevas áreas de intervención», detalla el proyecto. En esa zona, recuerdan, la asociación realiza «desbroces manuales y con tractor, repoblaciones con frondosas para crear sistemas silvopastorales, cierres donde confinar ganado menor en cargas que controlen el matorral y mejoren los suelos degradados por los reiterados incendios y resiembras con especies herbáceas locales más nutritivas y que mejoren la composición florística».

En materia de apoyo de las administraciones, Aranzeta insta al Principado a suscribir un convenio que contemple «un plan trianual de las acciones, con fechas determinadas». La asociación está también pendiente de crear un grupo operativo, figura que podría optar a fondos europeos y contar con un presupuesto. «Con la prórroga presupuestaria se ha retrasado el proceso, hasta el año que viene probablemente no salga», lamenta.

A largo plazo, el proyecto se fija «la idea de que en quince o veinte años no tengamos matorral». Para lograr este objetivo la asociación apuesta, además, por plantación de especies como el roble o el castaño. En las inmediaciones de la futura pista de Bode los voluntarios han plantado ya distintas especies de roble, como Quercus pyrenaica, Quercus robur, Fraxinus excelsior y Betula celtiberic.

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