Los ganaderos pusieron a la venta setenta animales en Sellaño, en Ponga

Varias de las vacas que ayer se pusieron a la venta en la feria de Sellaño, en Ponga. /  JUAN LLACA
Varias de las vacas que ayer se pusieron a la venta en la feria de Sellaño, en Ponga. / JUAN LLACA

La tradicional feria contó este año, como novedad, con una exhibición de arrastre con bueyes que entusiasmó al público

L. RAMOS BELEÑO.

Bajo una incesante lluvia y protegidos por un manto de paraguas, decenas de ponguetos y visitantes disfrutaban ayer de la tradicional feria ganadera de Sellaño, que según comentaban los veteranos quedó «un poco deslucida por culpa del mal tiempo». Durante la mañana desfilaron por el recinto ferial de la localidad cerca de setenta animales, entre vacas, ovejas, cabras y caballos.

Las ventas, explicaban los ganaderos, fueron fluidas aunque «algo escasas debido a la baja presencia de tratantes». No hubo tampoco grandes sorpresas en cuanto a los precios. Así, por ejemplo, el ganadero Manuel Fernández, de la localidad amievense de Vega de Sebarga, logró vender una vaca de carne y su cría en 1.250 euros. «Es un precio justo, ni alto ni bajo, para la época en que nos encontramos», manifestó. Explicó, asimismo, que logró vender unos terneros para cebar en 750 euros. Habitual desde hace muchos años de la cita pongueta, Fernández lamentó cómo «poco a poco va yendo a menos. Antes ésta era la feria de los cabritos y el picadillo, pero ahora no hay ni dónde comer picadillo, ni nadie que quiera tener cabritos por culpa del lobo», apuntó.

Como colofón a la jornada, por la tarde se celebraba una exhibición de tiro con bueyes que encantó a todos los presentes. «Es una novedad que quisimos introducir este año y tuvo bastante éxito, vino gente incluso de Tineo, Cudillero y Oviedo, entre otros lugares», explicó la alcaldesa de Ponga, la socialista Marta Alonso.

También la diputada del PP Marifé Gómez acudió al evento y aprovechó para criticar la «pasividad» del Gobierno regional en lo que a ataques del lobo a ganado en la zona se refiere. «Llevan años sin preocuparse, no hacen caso a un sector que lo está pasando realmente mal», afeó, y se refirió al caso del vecino concejo de Amieva, donde «el lobo campa a sus anchas. A este paso acabaremos siendo testigos de la extinción de lo ganaderos, que es a quienes debemos proteger», apostilló para concluir.

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