La Guía, empapada en Ribadesella

La Virgen de Guía, recién embarcada en la lancha 'Nuevo Mar Azul, momentos antes de que se produjera la espectacular tromba de agua.
La Virgen de Guía, recién embarcada en la lancha 'Nuevo Mar Azul, momentos antes de que se produjera la espectacular tromba de agua. / J. LLACA.

En la procesión por las calles de la villa salieron los niños de la Danza de Arcos y Juan Lastra cumplía 30 años en el traslado del Pendón Bajo una tromba de agua, los marineros riosellanos homenajearon a su patrona

GUILLERMO FERNÁNDEZ RIBADESELLA.

Bajo una espectacular tromba de agua, la procesión marítima de la Virgen de Guía se hacía ayer rumbo al Cantábrico de Ribadesella. A las seis de la tarde, una lluvia fina caía sobre la plaza de la Iglesia y metía el corazón en un puño a las decenas de vecinos, turistas y curiosos que esperaban la salida del cortejo. El párroco, José Ramón Fernández Abad, optó por no suspender la procesión y la comitiva se ponía en marcha con inusitada celeridad. Eso sí, la imagen de la Virgen de Guía se presentó cubierta por una fina lámina de plástico.

Encabezaba el cortejo, como desde hace 30 años, el lugareño Juan Lastra, enarbolando el pendón de la cofradía riosellana. Y por detrás aparecían varias decenas de niñas y jóvenes ataviadas con el tradicional atuendo marinero. Las andas sobre las que iba colocada la Virgen de Guía estaban adornadas de forma espléndida, con profusión de rosas, claveles, margaritas y hortensias. De oficiar, por turnos, como costaleros en los varales, se encargaban diez hombres relacionados con el mar: Benito Buenaga, Iván Gutiérrez, Miguel Alonso, Juan Luis González, Marcos Pintado, Pablo Peñil, Juan Pintado, Emilio Peñil, Eduardo Gutiérrez y Santi Rosete. El párroco; la alcaldesa, Charo Fernández, y el secretario de la cofradía de pescadores riosellana, José Manuel Gutiérrez, cerraban la comitiva, de la que también formaban parte veinte niños y niñas de la Danza de Arcos, bajo la batuta de Rocío Pontigo y acompañados al tambor por Paul Balmori.

Sin nada que reseñar, la procesión alcanzó la zona portuaria y la imagen de la Virgen de Guía se acomodaba en la cubierta del 'Nuevo Mar Azul', una lancha patroneada por Emilio Peñil, mientras que los niños de la danza encontraban acomodo en la embarcación 'Velamar'. También se hicieron a la mar varios barcos de recreo y cuatro embarcaciones profesionales con base en Ribadesella: 'Uribarri', 'Mares del Señor', 'Nueva Flor del Mar' y 'Mariel'.

Sonaba la sirena de la rula y varias docenas de voladores salían disparados con entusiasmo por José Ramón Pintado 'Garuña'. En ese momento se abrieron las torrenteras del cielo y sobre Ribadesella caía una espectacular tromba de agua, de esas de las que se suele decir que no recuerdan ni los más viejos del lugar.

Ya era tarde para dar marcha atrás. Los barcos se internaron media milla en el Cantábrico, la alcaldesa lanzaba al mar una corona de laurel en homenaje a los marineros fallecidos y el párroco recordaba en su oración a los difuntos. Llovía a mares, pero la tradición se había cumplido.

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