El Guirria inicia el año más tradicional en Ponga

El personaje repartió besos entre mozas de todas las edades que acudieron a la tradicional fiesta del Año Nuevo pongueto./NEL ACEBAL
El personaje repartió besos entre mozas de todas las edades que acudieron a la tradicional fiesta del Año Nuevo pongueto. / NEL ACEBAL

El popular personaje reparte besos y ceniza escoltado por cuarenta aguinalderos | Cientos de vecinos y curiosos llenaron Beleño y Cainava atraídos por esta tradición precristiana en la que los mozos recorren el concejo a caballo

GLORIA POMARADA BELEÑO.

Brincó, corrió, esparció ceniza y, sobre todo, besó a las mozas casamenteras. El Guirria cumplió ayer con una «tradición ancestral» de origen precristiano que cada primero de año lleva a los solteros de San Juan de Beleño en una singular procesión a caballo por los pueblos de Ponga, siempre con el personaje de traje carnavalesco como paladín del jolgorio.

Pasadas las doce del mediodía, la comitiva, integrada por 23 jóvenes a caballo y 16 niños a lomos de burros y un pony partían de las antiguas escuelas de la capital pongueta rumbo al núcleo de Cainava. Para algunos, como el pequeño Matías Collado, de tres años, la de ayer fue su primera experiencia como aguinaldero, una tradición que pasa de generación en generación en esta familia pongueta, pues su padre se enfundó el traje azul y amarillo hace ya diecisiete años. «El Guirria tiene que conocer la fiesta, haber nacido y crecido con ella. No es solo hacer trastadas. Hay que besar tanto a las mujeres solteras como a las mayores», explicó Bernardo Collado sobre el cometido del personaje pongueto. Su sueño, señaló, es que algún día sea el pequeño Matías quien recorra las calles de Ponga dando brincos sobre la vara de avellano.

El de Guirria, no obstante, es un puesto cotizado entre los niños del concejo. Los dieciséis que ayer integraron la corte del personaje cuentan los días para alcanzar los quince años y que su nombre sea el extraído del cántaro en Nochevieja. «Me gustaría que me toque ir de Guirria», contó Enrique González, de doce años y aguinaldero desde 2006. El próximo Año Nuevo, dejará el burro para ir a caballo con los mozos de mayor edad. «Es una tradición muy guapa y espero que se mantenga mucho tiempo», deseó el joven. «Esta es una fiesta muy guay», respaldó Lorenzo Mones, de ocho años y aguinaldero desde hace cuatro.

Mientras los pequeños observaban desde el cierre del cortejo las picardías del Guirria, las decenas de personas que ayer se congregaron en la parte alta de San Juan de Beleño recibían entre el júbilo y la sorpresa los dos diplomáticos besos que el joven enmascarado concedió a las mujeres y los puñados de ceniza, estos más atrevidos, con los que roció a los varones. Sirviéndose de su vara, el personaje pongueto recorrió los primeros metros del pueblo inmerso en un frenesí de saltos. Ya en la parte baja del pueblo, el Guirria puso rumbo al galope hacia los demás pueblos de la rodeada. Como marca una costumbre no escrita pero respetada desde hace décadas, la primera parada fue en la casa de Ramona Rivero, en Cainava. La propia mujer, de 87 años, recibió a las puertas de su hogar al Guirria y a los 23 mozos a caballo, a los que recompensó por sus cánticos con un generoso aguinaldo. «Cuando estaban mis padres ya empezaban por aquí y, antes, esta casa fue de mis abuelos», recordó la mujer.

Vino y empanada de cecina

Al grito de «viva el Guirria, viva los aguinalderos» el cortejo prosiguió su ruta en la vecina casa de los Guerra, donde los mozos fueron obsequiados con raciones de empanada de cecina con la que acompañar las botellas de vino que les entonan durante el camino. Animados por el son de la gaita, los cánticos continuaron por las empinadas calles del pueblo. Incluso 'El Chalaneru' llegaron ayer a interpretar los aguinalderos a lomos de sus caballos, mientras el Guirria se iba lanzando a besar con más garbo a las mozas, ya sin distinción entre solteras y casadas. «La tradición es una pasada», valoró la canguesa Sandra Burgos, una de las numerosas espectadoras que ayer presenció el paseo del alegre personaje.

Tras visitar los hogares de Cainava, el Guirria y su séquito siguieron la ruta por más pueblos ponguetos, en los que se entretuvieron hasta las dos de la tarde. La comitiva retrasó su vuelta a San Juan de Beleño a causa de un contratiempo surgido durante la marcha, pues el más veterano de los aguinalderos sufrió una caída del caballo por la que requirió de atención médica.

Una vez superado el contratiempo y con el aguinaldero en manos del equipo de sanitarios que ayer hacía guardia en el ambulatorio pongueto, la comitiva hizo su entrada estelar en Beleño, esta vez ante el público menos madrugador que se animó a subir a Ponga reposada la fiesta de la noche anterior. Los bares del pueblo fueron ayer un hervidero de vecinos de la comarca y turistas, que disfrutaron de la tradición junto a los ponguetos hasta bien entrada la noche. Y es que el Guirria de 2018 cumplió con la máxima del festejo: «no dejar ninguna casa sin visitar ni ninguna moza sin besar».

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