Llamigu, diversión entre vino y barro

El llanisco Gerardo Fernández, segundo por la izquierda, vacía su garrafa sobre un amigo ayer, en Llamigu.
El llanisco Gerardo Fernández, segundo por la izquierda, vacía su garrafa sobre un amigo ayer, en Llamigu. / FOTOS: NEL ACEBAL

La popular batalla con que la localidad llanisca celebra sus fiestas de Loreto quedó deslucida por las abundantes lluvias

LUCÍA RAMOS LLANES.

No eran ni las once de la mañana y el prao que tradicionalmente acoge la romería en honor a Nuestra Señora de Loreto en la localidad llanisca de Llamigu ya estaba impracticable. Mientras unos luchaban en vano con el barro para tratar de mover sus vehículos, otros pocos valientes demostraban que ni el frío ni la lluvia pueden hacer frente al principal atractivo de la jornada: la famosa batalla del vino.

Pertrechados de litros y litros de caldo de uva, los combatientes iban llegando, no sin dificultad, a la zona, donde los más avezados les esperaban tras haber hecho noche en trabajados campamentos. No obstante, y pese a los intentos de quienes no se querían doblegar ante las inclemencias meteorológicas, lo cierto es que el tiempo no acompañaba y fueron pocos quienes se entregaron a la batalla.

Entre ellos estaba el joven Gerardo Fernández, de Piñeres de Pría, quien acude anualmente a su cita con la 'guerra' «desde que era un crío. Es una pena que haga tan mal día, pero vengo decidido a disfrutar», aseveraba, mientras recargaba su garrafa para vengarse del chapuzón que le acababan de dar sus paisanos Fran Martínez, Agustín Alonso, Jonathan Rodríguez, Aitor Ceñal, Ramón Pérez y Berto Fueyo. El suyo fue uno de los grupos que pasó la noche en el prao y, demostrando que la experiencia es un grado, disfrutaron de unas buenas carnes a la parrilla antes de la batalla para cogerla con fuerzas.

Igualmente animados estaban los jóvenes Mario Rincón, Manuel Fueyo, Héctor Cuesta, Alejandro del Río, Adrián Meré y José Ángel Espina, de Llamigu y El Mazucu. «Es la mejor fiesta del verano, así que pensamos resistir caiga lo que caiga», manifestaban, mientras se calentaban ante una improvisada fogata.

Natural de la localidad llanisca, Margarita Puerta no ocultaba su pesar. «Crecí disfrutando de esta fiesta y me da pena que, después de todo el año esperando, la lluvia nos la fastidie. Pero en Llamigu somos así, ni aunque nieve nos vamos a quedar hoy en casa», aseveró.

La jornada se completó con la tradicional misa de campaña, la comida popular, las carreras de caballos y una verbena nocturna.

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