Llanes se suma a la autodefensa

Lydia Cortines enseña una llave de autodefensa a los alumnos con ayuda de Alejandro García. /  JUAN LLACA
Lydia Cortines enseña una llave de autodefensa a los alumnos con ayuda de Alejandro García. / JUAN LLACA

La judoca Lydia Cortines da nociones básicas para esquivar golpes y poder salir huyendo en caso de sufrir un ataque Los chavales del instituto aprenden estos días a repeler posibles agresiones

LUCÍA RAMOS LLANES.

«Saber reaccionar ante una agresión imprevista puede suponer la diferencia entre estar vivo o muerto». Con estas impactantes palabras defendía ayer la entrenadora de judo Lydia Cortines la importancia de las clases de autodefensa que durante esta semana está impartiendo a los chavales que cursan estudios en el instituto de Llanes. Por los talleres, organizados desde la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA), pasarán estos días todos los alumnos del centro, desde los más pequeños, de 1º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), hasta los más veteranos, de 2º de Bachillerato.

Ayer a primera hora era el turno de la clase de 2º A de la ESO y tras un breve calentamiento los jóvenes, de trece y catorce años, se pusieron manos a la obra bajo las órdenes de la instructora. «Nuestro objetivo principal va a ser evitar el enfrentamiento y escapar del agresor. Como me dijo mi primer profesor de judo, tenemos dos cosas preciosas en nuestro cuerpo, que son las piernas, para correr. Nadie en su sano juicio quiere tener una pelea», comenzó indicando Lydia Cortines. A partir de ahí, utilizó lo que ella llama «el símil del semáforo» para explicar las tres situaciones, basadas en la distancia entre víctima y agresor, en que los chavales se podrían encontrar alguna vez. «La situación verde es aquella en la que hay diez metros o más entre uno y otro. Si, por ejemplo, estoy volviendo de noche a casa y veo que a lo lejos hay una persona con actitud sospechosa, saco el teléfono móvil, o algo similar, y llamo a mis padres o finjo hacerlo, para que sepa que la alarma está dada», indicó.

La cosa se complica, continuó, cuando entre el agresor y la víctima hay unos cuatro o cinco metros. «Es la situación amarilla, y es el momento de buscar un lugar abierto en el que ponernos a salvo, como un bar, así como zonas de luz para poder identificar a la otra persona», aconsejó la judoca.

Finalmente, cuando la agresión es inminente y hay menos de dos metros de distancia, es cuando hay que 'pasar a la acción' y aplicar una serie de golpes, luxaciones y llaves sencillas para «ganar espacio y tiempo para salir huyendo». Así, Lydia Cortines mostró a los chavales los cuatro puntos débiles que toda persona tiene por encima del tórax. «Tanto el esternón como el hueso de la clavícula y el punto situado tras las orejas son sumamente dolorosos y si clavamos unas llaves, un mechero, una barra de labios o algo similar que tengamos a mano, podremos ganar tiempo», indicó. La cuarta opción es golpear al agresor en la nariz con la palma de la mano mientras se retroceden un par de metros. «Le dejaremos un poco 'ido' y podremos aprovechar para escapar», apuntó.

La clase prosiguió con una serie de llaves y luxaciones de muñeca y codo «que todo el mundo puede aprender» y que tuvieron gran acogida entre los chavales. El joven Alejandro García manifestaba su interés por que este tipo de talleres se impartan de forma regular en el centro. «Me parece importante que todos sepamos reaccionar ante un posible ataque, pues últimamente hay bastante preocupación en la sociedad por este motivo», señaló. Efectivamente, la instructora confirmó que el interés por este tipo de clases está creciendo. «Están demandando desde clases de reciclaje para miembros de los cuerpos de seguridad del Estado, hasta talleres de este tipo en centros educativos y colectivos de mujeres, entre otros», aseveró.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos