Moñes, poder en la Edad de Hierro

Piezas de la Diadema de Moñes conservadas en el Museo Arqueológico. /  MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL
Piezas de la Diadema de Moñes conservadas en el Museo Arqueológico. / MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL

La localidad piloñesa alberga áreas sin excavar en las que los expertos creen que podrían encontrarse nuevas joyas

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

Los tesoros arqueológicos y etnográficos de Piloña constituyen uno de sus más preciados atractivos. En los últimos años se está tratando de impulsar su conocimiento y difusión a través de nuevos estudios y excavaciones, como ocurre en el yacimiento de Argandenes y, por supuesto, en el yacimiento del Sidrón, que ya cuenta con una exposición permanente en Infiesto. Pero hay otros puntos del municipio avellanero que presentan un gran interés.

El investigador, experto en etnografía y miembro del colectivo Belenos, Berto Peña, reivindicaba hace unos días, durante su participación en las jornadas culturales del grupo 'Ágóra', en Areñes, la necesidad de investigar en profundidad el entorno de la localidad de Moñes, origen de la joya conocida como diadema de Moñes, donde se podrían localizar nuevos elementos que aportasen luz sobre unas líneas de la historia de Asturias que aún aparecen definidas de forma muy vaga.

Peña destaca que Moñes «debió ser un centro de poder bastante importante por todos los elementos aparecidos en la zona, principalmente joyas, como la conocida diadema».

Pese a la controversia que ha perseguido a este elemento durante años, debido a las dudas sobre su origen, los últimos datos apuntan sin lugar a equívoco a su pertenencia al concejo piloñés. «En este aspecto, no hay duda sobre el origen de esta diadema, es en Moñes donde aparece y no en Cangas de Onís o en cualquier otro lugar», afirma el investigador, a la par que recuerda que es conocido «que hay más piezas, como un broche del que tenemos un dibujo, pero no hemos sido capaces de seguir su rastro y localizarlo».

Para tratar de aclarar todos los interrogantes que surgen alrededor de este elemento ornamental, Peña considera que «se debería investigar en profundidad, es una pena que se estén escapando datos». Concretamente, apuesta por desarrollar las pesquisas en un área sensible, la situada en el «entorno de la capilla de la Magdalena y algún prado de la zona, donde podrían aparecer nuevos elementos si se realizasen las oportunas prospecciones».

La diadema de Moñes ha sido objeto de distintos estudios y referencias por parte de los investigadores. Una de las últimas alusiones apareció en el Boletín del Museo Arqueológico Nacional, en un trabajo firmado por el arqueólogo del CSIC Óscar García-Vuelta, centrado en la producción de joyas de oro durante la Edad del Hierro. Dicho estudio, con foco en el Principado de Asturias, aborda el origen de esta joya. Bajo el título 'Orfebrería castreña en Piloña', la documentación del archivo del Museo Arqueológico Nacional ofrece nuevos datos sobre hallazgos realizados entre mediados del siglo XIX y principios del XX relativos a la orfebrería de la Segunda Edad del Hierro en Asturias. La correspondencia mantenida entre el investigador José Ramón Mélida y el coleccionista Sebastián de Soto Cortés constituye una de las principales fuentes de este estudio.

Los restos de la diadema de Moñes se componen de siete piezas, repartidas entre el Museo Arqueológico Nacional, el Museo del Louvre y el Instituto Valencia de Don Juan. Aunque aún hay datos por confirmar, se considera que los restos podrían pertenecer a dos diademas.

Objetos de oro y monedas

Circulan varias hipótesis sobre su procedencia, bien atlántica o mediterránea. Su cronología podría estar situada en torno a los siglos III y II a.C. En el extenso artículo, el autor señala además que este estudio «confirma la relevancia de los hallazgos de orfebrería producidos en el entorno de Villamayor-Moñes, entre mediados y finales del siglo XIX», importancia ya comentada por otros autores como el propio Martínez Vega, según se explica.

Aunque por el momento los expertos no pueden aportar información contextual concluyente, el origen de esta pieza arqueológica parece estar claro. En este documento se señala que «además de la referencia, de Somoza, contamos con tradición oral sobre hallazgos de piezas de oro en Moñes, que también podrían relacionarse con los objetos estudiados». Se menciona específicamente el caso de las recogidas por Martínez Hombre, «que comentando a Somoza menciona la posible aparición, hacia 1915, de una diadema decorada, ya destruida, en un dolmen próximo a la ermita de Moñes».

Las informaciones aluden también a la aparición de objetos de oro y monedas de este mismo material «en una cantera localizada en el lugar próximo del Prado de la Magdalena». También se tiene constancia de la localización, hacia el año 1860, de piezas de oro halladas por dos campesinos de la zona en la finca La Foyaca, mientras se encontraban extrayendo «piedras para una construcción». Todo apunta, por tanto, a la relevancia de Moñes como centro de poder.

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