Las mujeres toman el mando en Cañu por la Salud

En una mañana soleada, la procesión de la Virgen de la Salud por Cañu resultó multitudinaria. / J. LL.
En una mañana soleada, la procesión de la Virgen de la Salud por Cañu resultó multitudinaria. / J. LL.

Cerca de mil personas acudieron a la misa y a la multitudinaria procesión de la localidad canguesa

GUILLERMO FERNÁNDEZ CANGAS DE ONÍS.

En torno a un millar de personas, en su mayor parte mujeres, acudían en la mañana de ayer a la localidad canguesa de Cañu para participar en los actos litúrgicos en honor a la Virgen de la Salud. Llegaron romeros de todos los municipios asturianos y eran mayoría los parragueses, piloñeses, llaniscos, ponguetos y cabraliegos, aunque el mayor contingente era de origen cangués, pues estaban en casa. La mañana festiva se iniciaba con un pasacalles a cargo de la banda de gaitas Ciudad de Cangas de Onís, para continuar con misa, procesión, subasta de los panes del ramo y quema del Xigante.

La misa, oficiada por José Manuel Fueyo, párroco de Cangas de Onís, se celebró en el exterior de la capilla de San Miguel, a orillas de la carretera que conduce a Amieva y más tarde serpentea hacia el puerto del Pontón. Los devotos abarrotaban la calzada y la ruta estuvo cortada durante una hora para dar más brillantez a los actos. Al celebrarse la fiesta en domingo, un vecino aseguraba que «cada año viene más gente». Y detallaba que llegan con «devoción y fe», con el fin de pedir «salud y bienestar para la familia, así como para agradecer los favores recibidos por anteriores peticiones».

Al término de la eucaristía se formaba una procesión que parecía interminable y recorría la arteria central de Cañu. Abrían la comitiva dos ciriales y una valiosa cruz de plata, en manos, respectivamente, de Matilde Alonso, Aurelia Díaz y Covadonga Valdés, ataviadas con el traje de aldeana llanisca y llegadas expresamente para la ocasión desde la ciudad mexicana de Puebla.

Por detrás del trío de entusiastas mexicanas aparecía la banda de gaitas Ciudad de Cangas de Onís, dirigida por Jesús Gómez Pellico. Seguía un gigantesco ramo de pan artesanal trasladado por cuatro mujeres: María Tárano, Tamara Joglar, Laura Priede y Desi Tarapiella.

La pirámide de pan abría paso al cortejo sacro, una amplia representación de la corte celestial con presencia de las imágenes del arcángel San Miguel, el Ángel de la Guarda y la Virgen de la Salud. De oficiar como voluntarias costaleras en los varales de las andas de la Virgen se encargaban otras cuatro mujeres: Vicenta Naranjo y Marlene Alonso, debutantes en el traslado, y las veteranas Lara Tarapiella y Carmen Fornés, que llevan «más de veinte años» arrimando el hombro.

El sacerdote; el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González, y un incalculable número de fieles cerraban la comitiva en una mañana especialmente calurosa. Por centenares se contaban las personas que al término de la procesión se acercaban a poner sus manos a los pies de la imagen de la Virgen de la Salud y en el interior de la capilla ardían más de medio millar de velas.

A continuación tenía lugar la subasta de los panes. Los romeros fueron generosos a la hora de echar mano al bolsillo y por cada rosca se ofrecían cantidades que oscilaban entre 15 y 20 euros. La jornada festiva en Cañu se daba por concluida con la tradicional quema del Xigante, la efigie de una mujer a la última moda, preparada con petardos y giratorios por Juan Carlos Devita.

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