Nuevo ataque del lobo a cabras y un potro en el concejo de Amieva

Cadáver del potro hallado ayer en Carbaeu, en Amieva /  E. C.
Cadáver del potro hallado ayer en Carbaeu, en Amieva / E. C.

El concejal de Ganadería señala que la última batida culminó «otra vez sin éxito»

G. P. SAMES.

Tres cabras desaparecidas, otras tres muertas sobre la nieve, un potro devorado y una yegua con heridas graves en el cuello. Es el balance de la acción del lobo registrado en los último días por los ganaderos de Amieva. Ayer mismo, Valentín Suárez, de San Román, se encontraba a un kilómetro de Sames con el cadáver de un potro. «No estaba solo, estaba con diez yeguas y caballos. No es normal lo que está pasando, se meten en los pueblos y van a por los animales domésticos», expone el concejal de Ganadería, Alberto Suárez. El edil recuerda, además, que las batidas de la guardería siguen sin dar resultado. «Hubo una hace veinte días y se les escaparon», lamenta.

El ganadero José Collado, de Argolibiu, es otro de los afectados por los recientes ataques: ha perdido seis reses en la última semana. «Dos cabras me las mató la semana pasada, di el parte y el guarda que lo vino a ver dijo que eran de lobo», indica. De un tercer animal, que halló muerto el domingo, también ha procedido a registrar la baja. «Las otras tres ya no cuento con ellas», lamenta este ganadero que en el último año cifra las pérdidas en más de una treintena de cabras y cabritos. «El lobo se me mete a doscientos metros de la cuadra», destaca.

Los ataques de los cánidos han tenido en los últimos días otra víctima: una yegua. El animal, cuenta su propietario José Ángel Moriñigo, ha sobrevivido pero se encuentra ahora en el veterinario «en mal estado». «Una yegua que vale más de mil euros me la valoran en 250», señala.

Los agentes de la guardería, indica, dictaminaron que las heridas eran compatibles con la acción del lobo. «Ya se tiran a comer lo primero que agarran, esto cada vez va a peor», lamenta este ganadero. El lugar donde apareció la yegua, Cuetu Corrales, «está justo al lado de cabañas para turistas», advierte José Ángel Moriñigo.

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