Los orígenes del Reino en un monasterio de 1.272 años

Comensales en el picoteo previo a la cena monacal. / NEL ACEBAL
Comensales en el picoteo previo a la cena monacal. / NEL ACEBAL

El Parador de Cangas de Onís celebra su aniversario con una cena monacal inspirada en 'El nombre de la rosa' | Se construyó en tiempos de Alfonso I, yerno del Rey Pelayo, y su conjunto arquitectónico fue designado monumento nacional en 1907

LAURA CASTRO CANGAS DE ONÍS.

Doce siglos de historia se dieron ayer cita en el Parador de Cangas de Onís, que celebró entre la tradición y la inspiración literaria la fundación del monasterio de San Pedro de Villanueva por parte del Rey Alfonso I, hace 1.272 años. Con motivo de su aniversario, el Parador albergó un regreso a sus orígenes, ambientado con una cena monacal a base de platos inspirados en la novela 'El nombre de la rosa', de Umberto Eco. Tampoco faltaron las cervezas de abadía y el acompañamiento de la lectura y canto gregoriano, combinación idónea para sumergirse en la historia del Reino de Asturias y del propio monasterio de San Pedro la Abadía de Villanueva, de la orden de San Benito de los Monjes Negros .

Su origen se remonta a los tiempos de la monarquía de Asturias, con Alfonso I, yerno del Rey Pelayo. Entre los años 730 y 757, en el mismo lugar en el que hoy se encuentra este conjunto arquitectónico, catalogado como monumento nacional desde 1907, existió una basílica de tres naves con el panteón real a sus pies.

Cuenta la leyenda que el Rey Favila, hijo de Pelayo, le pidió a su cuñado, Alfonso I, que construyera un templo en su honor cuando él hubiera muerto. Tal fue la credibilidad que se le daba a este relato, que años después, durante el primer tercio del siglo XII, se pone en marcha la construcción románica que se conserva actualmente en torno a la muerte del Rey Favila a manos del oso. Así lo narran los capiteles historiados del pórtico de la iglesia del Monasterio de San Pedro de Villanueva. Fuera, en el ábside y junto al tejo, que marcaba la ubicación de la iglesia dentro de la cultura celta, se encuentran los canecillos obscenos de temática erótica. Se construyeron para educar a la población, muy inculta por aquel entonces, sobre las actitudes pecaminosas que debían quedar fuera de la conducta de un buen católico.

San Pedro de Villanueva está emplazado en un lugar privilegiado. Los monjes benedictinos tenían la propiedad legal del río Sella, algo poco habitual. Las agrupaciones religiosas siempre buscaban establecer sus construcciones cerca de los cauces y los reyes les cedían la rentabilidad económica, en forma de tributos. Sin embargo, los de San Pedro de Villanueva pelearon por ser propietarios legales del Sella a su paso entre Cangas de Onís y Arriondas, y lo consiguieron. Cualquiera que quisiera pescar, cruzar el río o instalar un molino debía responder con un tributo a los monjes benedictinos. De esta explotación de recursos medieval se extrae la tradición asturiana del Campanu del Sella. El monasterio hacía sonar sus campanas para avisar a la población de que el salmón estaba en el río y ya podían pescar. Una tradición importante que el Parador de Cangas ha decidido recuperar. De las cuatro campanas de la torre, solo se conservan dos. Una de ellas, la están reparando de cara a la próxima temporada de pesca, cuando el alcalde cangués, José Manuel González, avisará al Parador y ellos harán sonar las campanas.

«No es casualidad que este sea uno de los hospedajes más valorados de España», asegura Ignacio Bosch, director del Parador. «En el Oriente lo tenemos todo: historia, belleza, gastronomía y ocio», destaca.

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