Un «paisano» piloñés con una historia de vida

Carlos Vallina y su madre en 1923 en Infiesto. / E. C.
Carlos Vallina y su madre en 1923 en Infiesto. / E. C.

La Academia de la Llingua se fija en Carlos Vallina, representante de una generación que mantuvo la cultura rural y las tradiciones

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

Representa uno de esos fragmentos de la memoria de Piloña que se conforma a través de múltiples vivencias. Se trata de Carlos Vallina Redondo, vecino de la localidad de Coya y que acaba de protagonizar uno de los números de 'Cultures', publicación que edita la Academia de la Llingua Asturiana. El encargo de un artículo de estas características fue iniciativa del director de la publicación, Roberto González-Quevedo, que decidió ponerse en contacto con el piloñés Daniel Cueli, miembro del colectivo Belenos y gran investigador de todo lo relacionado con la etnografía asturiana. Le pidieron una aportación a la sección 'Histories de Vida', así que Cueli no tuvo que pensar mucho en qué basar ese artículo. «Tuve claro que esa era una buena ocasión para rendir un pequeño homenaje a este paisano, escribiendo algo sobre su vida».

La figura de Carlos Vallina cuenta con un gran interés «porque forma parte de la última generación que tuvo una cosmovisión muy parecida a la de sus antepasados, con una manera de pensar y una forma de vivir que se integran en lo que hoy llamamos cultura tradicional asturiana, una cultura fundamentalmente rural que se mantuvo casi intacta durante siglos pero que está dando ya las últimas bocanadas».

Natural de la zona conocida como La Casería, en Mures, Vallina nació el 19 de septiembre de 1934. La Guerra Civil forma parte de sus primeros recuerdos, marcados por las carreras hacia los refugios durante los bombardeos y por momentos trágicos, como cuando presenció la caída de dos artefactos «camino de Ceceda y la metralla llegó hasta el molín de Solares, matando a una moza de Camás que allí estaba». Sus ocupaciones laborales pasaron por el sector de la madera, la fábrica de Moreda o la eléctrica Ercoa. Pese a estos trabajos, Carlos no desatendió la labores de casa, ayudando a su padre, Julio, en el molino de Carancos, o cuidando del ganado y atendiendo la tierra. En el repaso vital de este personaje no faltan referencias a usos tan tradicionales como las sextaferia y andechas o las romerías de la zona. Hace más de veinte años que Carlos se jubiló. En los últimos tiempos padece párkinson, «enfermedad que físicamente lo ha afectado bastante, pero la cabeza la sigue teniendo en su sitio y aún disfruta de la lectura de libros, revistas y periódicos», dice Cueli.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos