El Parque rechaza la prevención para controlar al lobo por «no ser eficaz»

Un lobo el pasado diciembre cerca de la localidad de Amieva, en el concejo homónimo. /  F. HERAS
Un lobo el pasado diciembre cerca de la localidad de Amieva, en el concejo homónimo. / F. HERAS

A las seis manadas consolidadas de los Picos podrían haberse sumado otras dos, que estarían llegando al Cuera, diagnostican los expertos

GLORIA POMARADA CANGAS DE ONÍS.

El conflicto del lobo en el Parque Nacional de los Picos de Europa vuelve a generar dos posturas encontradas, esta vez con el protocolo de regulación de la especie como protagonista. Ayer mismo, colectivos ecologistas se reunían con la ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, con la intención de reclamar un «plan eficaz para fomentar la coexistencia entre la ganadería extensiva y el lobo». También esta semana sesenta entidades conservacionistas han expresado su intención de recurrir la normativa de no presentarse alternativas que tengan en cuenta factores como «propuestas de mejora del sistema de pago de daños, de medidas preventivas o gestión ganadera y de seguimiento e investigación sobre la especie».

Se da la circunstancia de que en el diagnóstico previo, elaborado por un grupo de trabajo creado en el seno del Patronato, se descartan opciones como la prevención y las compensaciones por «no ser eficaces». Ese análisis, al que ha tenido acceso este periódico, es fruto de las «numerosas» reuniones mantenidas desde 2014 por un grupo de trabajo creado en el seno del Patronato y en las que han tomado parte once agentes, entre ellos conservacionistas, científicos o consultores especializados, así como ganaderos y administraciones. Apunta el documento que las conclusiones extraídas «se comparten de forma claramente mayoritaria por los asistentes».

Entre esos resultados, la evolución de la población del lobo es una de las claves. Según sus cálculos, en los Picos de Europa existen «seis grupos familiares consolidados que se reproducen con regularidad en el territorio del Parque». El diagnóstico de la situación del Canis lupus va más allá y apunta a que la población estaría ampliándose. De hecho, existen «indicios» de la formación de otras dos manadas de lobos. Con una media fijada en nueve ejemplares por grupo familiar, el número de cánidos llegaría en Picos a los 72, a los que habría que sumar los ejemplares solitarios.

El incremento poblacional presenta, además, una segunda realidad: su «expansión hacia zonas limítrofes». En concreto, los expertos del Parque que han tomado parte en el análisis apuntan a la sierra del Cuera. En los últimos años, los ganaderos de la zona vienen denunciando un repunte de los daños provocados por el lobo. Uno de los últimos datos hechos públicos fue el de 2015, cuando el alcalde de Peñamellera Alta denunció que en el Cuera el lobo había acabado con 400 reses de ganado ovino y caprino.

Daños a la ganadería

De continuar el incremento, el territorio se saturaría y, entonces, «el aumento de daños es impredecible», alerta el grupo de trabajo. Las muertes de ganado ocasionadas por los ataques del lobo aumentaron el pasado año en la vertiente asturiana de Picos un 14%, llegando las reses perdidas a 161. Los concejos de la comarca fueron los más perjudicados de todo el Parque Nacional, ya que en su conjunto los daños disminuyeron un 10%, cifra que solo repercutió en Cantabria y Castilla y León.

Entre las consideraciones del grupo de trabajo figura una vinculación directa entre «el crecimiento de la población» y la aparición «paralela de daños a la ganadería». Esos daños, abunda el diagnóstico, «son la clave», pues «si no existieran no serían necesarias medidas de gestión». Reconocen también las consecuencias para el medio del progresivo abandono de la ganadería, especialmente de la reciella, que «está induciendo una abundante matorralización» que aumenta «notablemente» el riesgo de «catástrofe en caso de incendio». Incluso en la conservación de la especie, apuntan, influye el incremento de daños, pues «la base social es imprescindible y se está resquebrajando». Más: el propio concepto del Parque «se resiente por la incapacidad de conservar sus valores y por la falta de legitimidad social».

La convivencia ha originado una «enorme conflictividad social», recoge el documento de análisis. También contra «ciertos grupos urbanos» recoge el informe una velada crítica, al entender los integrantes del equipo de trabajo que «la extracción se está convirtiendo en un tabú al margen de su significación biológica». Su postura, continúan, «está basada en la fascinación» por el lobo como «icono de lo salvaje» y en la idea de «autorregulación». En Picos, no es una opción al contar con presencia de ganado doméstico, dicen.

A la vista de este ejercicio crítico, el informe rechaza las medidas preventivas y la compensación, pues «con el nivel actual de daños «no pueden ser eficaces», y apuesta abiertamente por «regular el tamaño poblacional». La medida se fundamenta en que sería «socialmente imprescindible», está «técnicamente justificada» y «no perjudica biológicamente a la conservación de la especie». De hecho, los expertos apuntan a que la población del lobo en el noroeste de España «está en un estado favorable de conservación». El pasado año, los controles poblacionales en los Picos de Europa concluyeron «sin resultados» en la zona asturiana autorizada, la correspondiente a las manadas de Cabrales-Tresviso .

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