Un pasado milenario en las piedras

Alumnos y profesores durante la salida a la playa riosellana de Vega. / MUJA
Alumnos y profesores durante la salida a la playa riosellana de Vega. / MUJA

Alumnos canadienses aprenden a reconocer formaciones rocosas en la costa oriental

L. RAMOS COLUNGA.

Aprender a 'leer' el pasado en las piedras que pueblan los montes y acantilados de la llamada costa de los dinosaurios. Es el objetivo que trajo a trece estudiantes universitarios canadienses y otros cinco asturianos a la comarca oriental para participar en un curso de geología que tiene como sede el Museo Jurásico de Asturias (Muja) y organizan de forma conjunta la Universidad de Saskatchewan (Canadá) y la Universidad de Oviedo. Los jóvenes, acompañados por el director científico y la geóloga del Muja, José Carlos García-Ramos y Laura Piñuela, y los profesores canadienses Luis Buatois y Gabriela Mángano. Llevan seis días recorriendo el litoral oriental y descubriendo los secretos que las rocas que lo componen guardan en su interior.

Hasta el momento, los jóvenes estudiantes visitaron, entre otras cosas, los yacimientos de huellas de La Griega, en Colunga; el arenal de Vega, en Ribadesella; así como el conjunto de Cobijeru y el mirador de la Boriza, sobre la playa de Andrín, ambos ubicados en el concejo llanisco.

Ayer, la jornada comenzó en los acantilados de El Tranqueru, junto a la localidad carreñense de Perán, donde los universitarios pudieron contemplar formaciones rocosas del periodo Devónico, de la Era Paleozoica -hace entre 416 y 359 millones de años- y aprender, mediante prácticas realizadas en grupo, a reconocer los diferentes ambientes representados en la zona. «En este curso los estudiantes están aprendiendo a distinguir, por medio de las rocas, qué tipo de ambientes hubo en cada enclave. A ver, por ejemplo, un antiguo delta donde hoy existe un acantilado», explicó el director científico del museo. En esta labor, agregó, cobra gran importancia «la interpretación de las huellas que dejan los organismos, algo que comienza a utilizarse mucho también en la industria petrolera, pues permite conocer de dónde proceden los yacimientos y cómo se comportan o dónde puede haber más».

«A través de las rocas podemos ver un antiguo delta donde hoy hay acantilados»

La costa oriental asturiana es, en este sentido, «un museo al aire libre», como indicaban a EL COMERCIO los profesores canadienses recientemente. «Es un sitio ideal para este tipo de cursos, pues los estudiantes tienen la oportunidad de ver, en una corta distancia, rocas de diferentes edades y procedentes de ambientes distintos, mientras que en Saskatchewan apenas tiene afloramiento de formaciones, pues es una zona con un relieve suave, formado por lomas. No les queda más remedio que recorrer miles de kilómetros y optan por recurrir a testigos de sondeo, que no tienen nada que ver con lo que se encuentran aquí», explicó García-Ramos.

Tras la incursión de la mañana a los acantilados de El Tranqueru, los participantes en el curso se trasladaron a Oviedo, donde mantuvieron sendas reuniones con los responsables del Departamento de Geología de la universidad, así como con el rector, Santiago García Granda. «El convenio suscrito entre ambas universidades tiene un año más de duración garantizado, pero ahora estamos intentando conseguir que se prolongue aún más, para poder seguir celebrando estos cursos», explicaron los organizadores.

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