El pastoreo arranca con críticas de los ganaderos por los daños del jabalí

El pastoreo arranca con críticas de los ganaderos por los daños del jabalí
Francisco Crespo señala los daños del jabalí en la vega del Enol.

Apenas una decena de profesionales de los 210 con licencia subieron a la Montaña de Covadonga, que encontraron «más 'fozada'» que otros años

GLORIA POMARADA COVADONGA.

La escasa afluencia de reses en la primera jornada de la temporada de pastos de la Montaña de Covadonga era un hecho esperado entre los ganaderos, pero no así el estado en el que se encontraron ayer las vegas. «Hay más cotoyal y está todo levantado por los jabalíes», explicó Víctor Manuel González, de 24 años, el más joven de los profesionales cangueses que accedieron a los pastos. En Pandecarmen y las inmediaciones del lago Enol, los ganaderos observaban con preocupación el estado del terreno, 'fozado' por los suidos. «Está desarmado, hay muy poco pasto y está muy estropeado por los jabalinos», lamentó Francisco Gelot, de Mestas de Con. Junto a él, Francisco Crespo, de Tornín, coincidía en que «el año pasado no estaba así». Ellos fueron dos de la decena de profesionales que se atrevieron a subir el ganado en el conocido como 'día del coto'.

El mal tiempo del pasado invierno, con nevadas registradas hace apenas ocho días, explica para los profesionales la escasa presencia de ganaderos durante la pasada jornada. «Arriba está nevado y no hay comida», explicaron. Algunos apuntan incluso a que resta todavía una última nevada por llegar, la del 'cuquiellu' como se denomina en la sabiduría popular por coincidir con la llegada de este ave migratoria cuyos cantos eran ayer audibles en la Montaña de Covadonga. La previsión es que el ganado vaya accediendo a las vegas «en los próximos quince días», comenzando por este mismo fin de semana si las condiciones meteorológicas acompañan.

Bajo una espesa niebla presente durante toda la mañana y 'allendando' 25 vacas casinas llegaban al sendero que conduce a la vega de Comeya Manuel Ángel Alonso y Miguel Ángel Suero, de Gamonéu, habituales de la jornada de apertura. Mientras conducían a las reses a esta zona de pastos comunales de 92 hectáreas, expresaban su inquietud por los posibles daños del lobo a los que tengan que hacer frente esta temporada. La queja de los ganaderos pasa por el mecanismo de contabilización de daños, a su parecer difíciles de demostrar por tener que presentar los crotales de las reses. En caso de no hallar el cadáver, insisten desde el sector ganadero, no cabe posibilidad de compensación.

Con parte del ganado vacuno ya instalado en los pastos de Comeya, Fana y Enol, el temor pasa tanto por los ataques a los xatos como a la reciella, que llegará a la Montaña de Covadonga a partir del 1 de junio. En total, este 2018 accederán a los pastos comunales del espacio protegido un total de 10.723 cabezas de ganado de Cangas y Onís, repartidas entre 6.218 vacas, 177 toros, 1.741 novillas, 1.709 ovejas, 972 cabras y 176 caballos. Respecto a la temporada anterior, el número de reses disminuye en 228.

«Esto se acaba, no hay ayudas y está todo tomado por el matorral, ni siquiera dejan limpiar o quemar», afeó Jorge Alonso, de Mestas de Con, que ayer subió a Comeya 17 vacas. «Solo queda sobrevivir», puntualizaron por su parte Gelot y Crespo.

Regulado desde el siglo XVIII

La tradición de subir el ganado a la Montaña de Covadonga cada mes de abril está regulada desde finales del siglo XVIII, según recogía el fallecido cronista oficial de Cangas de Onís, Celso Diego Somoano. En 1755, el juez del concejo dictó que todos los vecinos debían «sacar sus ganados a los puertos altos ya acostumbrados y no sacarlos hasta que estén enteramente recogidos los frutos de pan, maíz y hierba». En 1787 la Justicia y Regimiento de Cangas de Onís decidió, asimismo, que «hasta el 16 de abril no se subiesen los ganados a los puertos». Con la creación en 1918 del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, quedaba establecido en el artículo 6 de aquella primigenia normativa el derecho al «pastoreo, uso de cabañas y aprovechamiento de leñas» de los vecinos.

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