Un peñamellerano deberá pagar 3.600 euros por utilizar cebos envenenados

La jueza considera probado que emponzoñó vísceras y las arrojó a una finca en la localidad de Alles con la intención de matar animales silvestres

LUCÍA RAMOS ALLES.

Animales salvajes como lobos y zorros ya habían atacado en alguna ocasión a las cabras que cuidaba en una cuadra ubicada a las afueras de la capital de Peñamellera Alta, Alles, así que decidió hacerse con un potente pesticida y utilizarlo para emponzoñar vísceras que luego arrojaba en las inmediaciones de la cabaña, con la intención de matar a posibles depredadores. Un peñamellerano ha sido condenado a pagar una multa de 3.600 euros, a razón de ocho euros al día durante quince meses y con la responsabilidad personal subsidiaria de un día de privación de libertad por cada dos cuotas no satisfechas, al considerar la titular del Juzgado de lo Penal 2 de Oviedo, María Elena González, que es autor de un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente tipificado en el artículo 336 del Código Penal.

En su auto, la magistrada relata cómo entre las 9 y las 13 horas del 31 de marzo de 2016 efectivos de Guardia Civil, Seprona, Guardería del Principado y de la Unidad de perros detectores de venenos de la Consejería de Desarrollo Rural realizaron una batida en la zona conocida como El Tojo tras ser alertados por el regidor de Peñamellera Alta de que entre los vecinos existía preocupación por la presencia de cebos envenenados. Durante las labores de búsqueda, prosigue, «en una cabaña utilizada por el acusado destinada a albergar ganado caprino fue hallado, oculto entre las piedras de un muro, un bote de plástico conteniendo una sustancia que, tras su análisis, resultó ser un pesticida, carbofurano». El uso y comercialización de dicho producto como fitosanitario está prohibido, agrega.

La titular del Juzgado considera asimismo probado que el condenado «empleaba dicha sustancia para impregnar vísceras de animales pequeños a fin de servir como cebo para animales de la fauna silvestre y causarles la muerte por envenenamiento ante la amenaza que pudieran suponer para sus cabras». De hecho, agrega, a unos treinta metros de la cuadra fueron hallados restos de vísceras emponzoñados y en un camino que discurre por las proximidades se encontró el cadáver de un zorro en avanzado estado de descomposición, lo que impidió concretar si había muerto a causa del veneno.

Medio indiscriminado

En su escrito la magistrada hace también hincapié en cómo «el veneno constituye un medio indiscriminado, pues puede ser consumido por cualquier especie» e indica que «agentes de la Guardia Civil declararon que incluso un vecino les indicó que tuvo que quitarle de la boca a su perro un trozo de carne emponzoñado». Se corre el riesgo, añade, de que se cree «una cadena, de modo que cada especie que se alimente de la anterior se vería también afectada».

Por todos estos motivos, la jueza condena al acusado, además de al pago de la multa, a la inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de cazar o pescar durante dos años, así como a indemnizar al Principado en la cantidad que se determine en ejecución de sentencia correspondiente a las cantidades desembolsadas para sufragar los gastos de la analítica de las vísceras, los restos del zorro y la sustancia hallada en el bote. Le impone también el pago de las costas procesales.

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