«Perdimos 98 bolos en un día», lamenta el ganadero que denunció los picotazos

Bolos dañados en Llames, propiedad del ganadero denunciante. / E. C.
Bolos dañados en Llames, propiedad del ganadero denunciante. / E. C.

El parragués Francisco Cibrián, cuya demanda por daños de 700 euros fue desestimada, tuvo que «montar guardia para proteger» la hierba

G. POMARADA ARRIONDAS.

Con la sentencia en la mano que desestima la indemnización por los supuestos picotazos de ave aparecidos en los bolos de hierba de su propiedad, el ganadero parragués Francisco Bernardo Cibrián confirma que «como siempre el que tiene que pagar es el ganadero». Tras sufrir daños por un valor estimado de 700 euros en 98 bolos de su finca en Llames de Parres, el afectado presentó una denuncia contra la sociedad de cazadores La Parraguesa -titular de los derechos cinegéticos en Parres y Cangas de Onís- al considerar que los picotazos en los plásticos eran obra de cornejas, especie cinegética. No obstante, en la vista celebrada en el juzgado cangués la defensa apuntó a que los destrozos habían sido causados por cuervos. En este caso, por ser un ave protegida, la compensación recaería en el Principado. « Si se sabe que los destrozos fueron causados o por las cornejas o por los cuervos debe pagar o la consejería o La Parraguesa, no el damnificado que en este caso es el ganadero», sostiene Cibrián.

El argumento empleado en el juicio por los cazadores, que defendieron que los pájaros más abundantes en la zona son los cuervos, no convence al ganadero. «Las cornejas andan en grupos grandes y los cuervos en grupos pequeños. Así que es raro que los cuervos hayan destrozado al mismo tiempo 98 bolos». El día de los hechos, apunta, terminó de ensilar «a las doce de la noche y a la mañana siguiente, cuando fui a protegerlos, ya estaban destrozados». Para evitar nuevas pérdidas, su mujer «tuvo que montar guardia para proteger los bolos» mientras él finalizaba el ensilado en otras fincas. «Queremos que se deje de atacar al sector ganadero y que se busquen soluciones para evitar su desaparición», sostiene a la par que recuerda que en la denuncia contra los cazadores «jamás exigió» que le abonasen los bolos «al completo, solo pedía que pagasen el coste del plástico por volver a encintar, de 7 euros por bolo».

Contra la sentencia no cabe recurso «porque el importe es inferior a 3.000 euros, no porque haya quedado demostrado que hayan sido los cuervos los causantes del estropicio», reitera este parragués que lleva cuatro décadas dedicándose a la ganadería. Como él, cuenta, muchos de sus compañeros de profesión sufren daños, «pero no denuncian». «Era un juicio importante, si hubiese ganado hubieran empezado a denunciar más», apunta.

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