Piden incluir el desvío a San Esteban y Cuñaba en las obras del Desfiladero

Desvío a los pueblos peñamelleranos de San Esteban y Cuñaba, cuyo acceso se encuentra en una curva de 180 grados. /  FOTOS: JUAN LLACA
Desvío a los pueblos peñamelleranos de San Esteban y Cuñaba, cuyo acceso se encuentra en una curva de 180 grados. / FOTOS: JUAN LLACA

Los vecinos de Peñamellera Baja proponen construir un acceso recto en el cruce de Rumenes dentro del plan de Fomento

GLORIA POMARADA PANES.

Corre entre los habitantes de la zona del Desfiladero de La Hermida el comentario de que «antes nos engañaban de año en año, ahora de día en día». Tras el anuncio este fin de semana del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, del proyecto de inversión de 60 millones de euros en la carretera N-621 y la reanudación en enero de los arreglos parciales en cuatro tramos, uno de ellos en Asturias, los vecinos se debaten entre la esperanza y el hastío. Los pueblos peñamelleranos de San Esteban y Cuñaba son los dos núcleos asturianos que se verán afectados por la primera fase de las obras, cuya fecha aproximada de inicio se sitúa «después de Semana Santa», según los plazos apuntados por el alcalde, José Manuel Fernández. «Llevamos viendo marcar esta carretera desde hace ocho años. La gente tiene la mosca detrás de la oreja», señala Eustaquio Turiel, residente en San Esteban desde hace tres décadas. Uno de los temores de los habitantes de estos núcleos -en San Esteban residen 13 personas y en Cuñaba 30- es la repercusión que el arreglo de la nacional, de llegar a efectuarse, pueda tener en el cruce de Rumenes, que da acceso a los pueblos. El desvío está situado en una curva que obliga al conductor a efectuar un giro de 180º, una maniobra que los vehículos realizan ahora a escasa velocidad por el estado de la nacional. «Cuando la arreglen vendrán más rápido y será más peligroso. Ya hubo varios accidentes y queríamos que la hiciesen recta en dirección a Panes, unos 300 metros más abajo de donde está ahora», explica Manuel Corces, vecino de San Esteban. Indica también que la demanda fue trasladada a Fomento «hace años».

En el cercano pueblo de Cuñaba la petición se repite. «Tenían que hacer la entrada recta, cortar la finca», indica Francisco Sánchez, natural de la localidad peñamellerana. Los vecinos indican, además, las frecuentes multas interpuestas en el acceso, un punto habitual de control de la Guardia Civil. Al pisar la raya continua, cuentan, «ya caen».

Con todo, el anunciado plan de reforma en el trazado principal del Desfiladero de La Hermida se espera con ansia en las dos localidades, que según las previsiones permanecerán incomunicadas varios días tras Semana Santa. «Es normal que la cierren, llenaremos los arcones», bromean Francisco Sánchez y Felipe Alles. «La carretera tiene mucha urgencia. Hay mucha circulación y los turistas tienen miedo a pasar», lamenta Corces, propietario de una casa de turismo rural. «En esta carretera hay muchísimo tráfico, más que en la de Cabrales, que está mejor», recuerda Alles.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos