Posada se echa a la calle por Santiago

Las tamboriteras Elena Sampedro y Clara Gutiérrez marcaban el ritmo a las aldeanas. / JUAN LLACA

Más de cien mozas vestidas de llanisca acompañaban a la banda de gaitas Llacín | El párroco Aurelio Burgos salió en procesión con un bastón, dos calabazas y conchas de vieira que habían hecho varias veces la ruta hasta Compostela

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

La villa de Posada homenajeaba ayer a Santiago con pasacalles de la banda de gaitas Llacín, procesión desde la grandiosa finca del chalet Villa Pilar, misa cantada por el mariachi 'Estampas de México', dirigido por el maestro Humberto Velasques, y festival folclórico en la plaza de Parres Piñera.

Antes de que la comitiva se pusiera en marcha, vecinos, turistas y curiosos pudieron escuchar las melodías 'Son de la negra' y 'Rancho Grande', interpretadas por el grupo mexicano, del que formaban parte tres violines, dos trompetas, una guitarra, una vihuela y un guitarrón. El cortejo, camino de la iglesia parroquial, iba encabezado por la banda Llacín, formada por 28 gaiteros y 13 percusionistas bajo la batuta de Vitor Carbajal. Seguían más de un centenar de niñas y mozas vestidas de llanisca. Al contrapunto de dos tambores en manos de Elena Sampedro y Clara Gutiérrez, las aldeanas batían con garbo y salero sus panderetas.

Por detrás, junto al gaitero Yago Bugallo y el tamboritero Paco Cue, aparecían cuatro ramos. El de rosquillas de anís a hombros de los niños Alonso Gutiérrez, Alejandro Carrillo, Pelayo del Pozo y Manuel Rodríguez, mientras que el de rosquillas dulces lo llevaban los alevines Enol Vicente, Javier Rodríguez, Saúl Peláez y Pablo Rodríguez. Una de las pirámides de pan artesanal la conducían Unai Ruenes, Iván García, Diego Platas, y Nacho Ruenes; de la de los veteranos se encargaban Fiesky Núñez, Sergio Llano, Javier Rodríguez y Luis Ruenes.

Los ramos abrían paso a las andas con la imagen de Santiago en cuyos varales oficiaban como costaleros Carlos Vicente, Sergio Llano, David Amieva y Dimitri Naveiras. El párroco, Aurelio Burgos, acompañado por un bastón, dos calabazas y varias conchas de vieira que ya realizaron varios viajes a Santiago de Compostela, y el alcalde de la villa, Miguel Villaverde, cerraban el cortejo. Al término de la eucaristía, los romeros y devotos de Santiago realizaban un breve paseo para trasladarse hasta la plaza de Parres Piñera donde, con intervención de niños, jóvenes y veteranos, tuvo lugar un selecto e interminable festival folclórico. Los vecinos bailaron las jotas de Leitariegos, Cadavedo y el Cuera, el Quirosanu, la Danza del Señor San Pedro, la Jotina asturiana, el Fandango de Pendueles, el Xiringüelu de Naves y el Pericote. Espectacular fue la ejecución de Paco Cue al tambor durante el Xiringüelu, con un toque rápido, alegre y muy bien marcado.

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