El Principado afirma que este será el «último invierno» sin viseras en Sotres

El Principado afirma que este será el «último invierno» sin viseras en Sotres
Uno de los aludes que atrapó a diez personas en la carretera a Sotres el pasado 9 de febrero. / E. C.

Medio Ambiente aprueba el estudio ambiental, que retrasaba desde hace veinte meses un proceso que ahora debe salir a licitación

GLORIA POMARADA CARREÑA.

La comisión de Medio Ambiente del Principado dio ayer el primer paso hacia la construcción de las viseras antialudes en la carretera a la localidad cabraliega de Sotres al aprobar el estudio de impacto ambiental del proyecto. Dicho informe estaba entre los motivos del retraso de la obra: en junio de 2016 salió a exposición pública y en diciembre del 2017 se preveía la finalización de esta fase previa a la licitación de los trabajos. Sin embargo, no ha sido hasta veinte meses después del inicio del proceso cuando el estudio ha obtenido el beneplácito de la Consejería de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente. Una vez culminado ese «trámite ambiental complejo», como señaló el consejero Fernando Lastra la pasada semana en la Junta, la intención de su departamento pasa ahora por sacar a licitación el proyecto. «Necesita concreción presupuestaria», puntualizó entonces, si bien reafirmó su compromiso de considerar la obra como una «prioridad». «Esta será la ultima campaña sin esta infraestructura», afirmó.

Al escollo del informe ambiental se suma la cuestión económica. A pesar de la prórroga presupuestaria, el consejero señaló que su intención es «disponer del crédito para poder llevarlo a cabo».

En concreto, el presupuesto de esta obra alcanza los dos millones de euros, tal y como recogía el proyecto inicial. Con esa cuantía, el Principado prevé actuar sobre cuatro tramos de la carretera que une Arenas con Sotres, los correspondientes a los puntos kilométricos 13,8, 14,2, 14,62 y 15,2 . La instalación elegida para reducir las consecuencias de los desprendimientos son unas viseras antialudes de 27 metros de largo, en el caso del primer y el tercer punto kilométrico, y de 35 en los dos restantes.

Estas barreras no son la única solución contemplada en el documento a los habituales desprendimientos de rocas y nieve en la vía de titularidad autonómica. La instalación de mallas de triple torsión era otro de los ejes del proyecto, que especificaba que las infraestructuras, de una longitud aproximada de 200 metros, irían adosadas al talud en los puntos kilométricos 12,1, 12,3, 13,8, y 15,9. El fin de estas redes metálicas es el de «crear una protección frente a posibles desprendimientos de pequeñas rocas, fundamentalmente en zonas rocosas afectadas por fenómenos de meteorización».

Un tercer pilar del proyecto es la colocación de pantallas dinámicas con una altura media de tres metros a lo largo de 215 metros en una decena de puntos kilométricos de la carretera a Sotres. «Será posible absorber parte de la energía cinética de las masas que se desprenden mediante la deformación propia de la barrera y de los elementos disipadores de energía», recoge el plan.

La Correntía, el más peligroso

En este periodo de veinte meses de trámites, varios han sido los incidentes registrados en la AS-264, el último hace apenas dos semanas, cuando en pleno temporal una decena de personas quedaron atrapadas en la carretera durante más de seis horas. El desprendimiento de hasta nueve aludes bloqueó el vial en varios puntos, algunos coincidentes con los enclaves previstos para las viseras. Dos meses antes, la misma zona registró la caída de otros tres aludes, esta vez sin personas atrapadas.

Acostumbrados a sufrir cada invierno los riesgos de los desprendimientos, los vecinos de la localidad cabraliega conocen incluso cada uno de los puntos negros por su propio nombre: La Alizosa, L'Argadón, La Canal de la Vieya, Los Jorcadiellos, Sulateyu, Los Xetos o La Correntía, «el más rápido y peligroso», explica la vecina Ana Moradiellos. La petición de los habitantes de esta localidad de habilitar las viseras se remonta a hace más de un cuarto de siglo, fecha grabada en la memoria de Sotres por coincidir con el fallecimiento de una vecina cabraliega como consecuencia del impacto de un alud.

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