Procesión kilométrica por Santu Medé

Las mozas de aldeana abren paso a las andas de Santu Medé al salir de la plaza de Las Encinas. /  J. LLACA.
Las mozas de aldeana abren paso a las andas de Santu Medé al salir de la plaza de Las Encinas. / J. LLACA.

En el festival folclórico de Pimiango compartieron escenario la agrupación cántabra Valle de Camargo, los ovetenses de Filandón y el grupo local Mansolea Decenas de personas participaron en la bucólica romería a orillas del Cantábrico

GUILLERMO FERNÁNDEZ COLOMBRES.

Pimiango celebró ayer el día grande en honor a San Emeterio, conocido por aquellas tierras de Ribadedeva con el cariñoso apelativo de Santu Medé. Amaneció espléndida la mañana y antes del mediodía se ponía en marcha la kilométrica procesión que traslada a los romeros desde la plaza de Las Encinas hasta las praderías colindantes con la ermita de San Emeterio. Más de dos kilómetros de viaje sin perder de vista al Cantábrico.

Los alrededores de la iglesia parroquial eran un hervidero humano con el despertar de los lugareños tras la verbena de víspera, la llegada desde Cantabria de la agrupación folclórica Valle de Camargo y la presencia del grupo ovetense Filandón.

De abrir la comitiva hacia la ermita se encargaban Adrián Fernández, enarbolando el Pendón de Pimiango, y el grupo de tambores de Ribadedeva. Por detrás aparecían dos lustrosos ramos de pan artesanal. El de los guajes a hombros de los niños Manuel Cue, Ciro Vicente, Luis de la Torre y Asur Vicente, y el de los veteranos trasladado por Hugo Granda, Fernando Herrero y los hermanos Marcos y Roberto Laso. Por detrás aparecían medio centenar de niñas y mozas vestidas de llanisca y tañendo sus panderetas al ritmo de un tambor en manos de Mercedes Díaz.

Las aldeanas abrían paso a las andas con la imagen de San Emeterio sobre un manto de mimosas. Del traslado se encargaban Jorge Granda, Iñaki Menéndez, Samuel Vila y José Miguel Elizalde. El párroco, Amador Galán; el alcalde de Ribadedeva, Jesús Bordas, y un elevado número de vecinos caminaban tras el santo. Y de cerrar el cortejo se encargaban los dos grupos folclóricos.

En la pradería de San Emeterio se celebró una misa de campaña con acompañamiento vocal del Orfeón de Mieres, que posteriormente ofreció un concierto. Tras la eucaristía llegaba el esperado momento de los bailes regionales. Los de Camargo, bajo la batuta de Laureano Mancebo y acompañados a la gaita por Mario Torre y al requinto por José Luis Calderón, interpretaban 'Los palillos con el Mambrú', 'El Pericote' y una selección de jotas montañeses. Y Juan Ibáñez ponía voz a varias tonadas de Cantabria. Los ovetenses de Filandón, coordinados por Silvia Suárez y acompañados por pandereta, gaita y tambor, bailaron 'La media vuelta' y 'El saltón'. Y el grupo local Mansolea ponía en escena la 'Jota de Pimiango', recuperando la esencia que les dejó en herencia el inolvidable gaitero Paco González Sánchez. Y cerraban la sesión con un Pericote de tres triadas.

Después de las comidas campestres en grupos de familia y amistad, de regreso a Pimiango, se subastaban los panes de los ramos y actuaban los tres grupos folclóricos.

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