Un profesor de surf rescata a tres bañistas en la playa de San Martín

El joven Rubén Espiniella tuvo que sacar del agua a dos adultos y un niño que fueron arrastrados por la corriente hacia las rocas del arenal llanisco

L. RAMOS LLANES.

Nuevo susto en el arenal llanisco de San Martín. Ayer al mediodía, la historia se repetía y un profesor de la escuela Llanes Surf, Rubén Espiniella, se veía obligado a acudir en auxilio de bañistas en apuros, como ya sucediese hace tres semanas. En esta ocasión, no era una sola persona quien precisaba ayuda, sino tres: dos adultos y un niño. Todos ellos fueron arrastrados por la corriente hacia la zona de rocas de esta playa con forma de herradura.

«Acababa de empezar con la clase cuando el padre de una de mis alumnas, que se había quedado en la orilla siguiendo la lección vino corriendo a avisarme de que había tres bañistas el peligro en la parte derecha del arenal», relataba ayer por la tarde el profesor a EL COMERCIO. Rápidamente, y como manda el protocolo, suspendió la clase y fue nadando en auxilio de los bañistas. «En primer lugar saqué al pequeño, de unos ocho años, que iba a bordo de una tabla de bodysurf y estaba visiblemente asustado. En cuanto estuvo a salvo en la orilla, regresé a por los adultos y me llevé al que más nervioso estaba. Finalmente, volví a por el tercero, que estaba mucho más tranquilo y a quien solo tuve que acompañar hasta que consiguió salir de la corriente», explicó este joven amante del surf.

Se trata, indicaba, de la tercera vez en lo que va de verano en que él o uno de sus compañeros tiene que intervenir para ayudar a algún bañista en esta playa, que carece de servicio de salvamento. «En la parte derecha se forma una poza y la corriente tira hacia allí. En realidad, si la mar está calmada no es demasiado peligroso, pero el problema es que la gente se pone nerviosa y fruto del agotamiento sí que pueden ahogarse o tomar la mala decisión de tratar de salir por las rocas», explicaba otro de los profesores, Juan Santos. Lo mejor en aquellos casos en que alguien se vea atrapado por una corriente, indicó Espiniella, «es no intentar nadar hacia la orilla, sino en paralelo a la misma para escapar poco a poco de la fuerza del agua», y señaló que, vistos los antecedentes de la playa, «debería haber al menos un socorrista».

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