Las protectoras, desbordadas con el aluvión de abandonos este verano

Luis Bernardo, junto al poni 'Fito', el burro 'Platero', el carnero 'Óscar', los cabritos 'Hircus' y 'Hugo' y la cerca 'Pepa'. / JUAN LLACA
Luis Bernardo, junto al poni 'Fito', el burro 'Platero', el carnero 'Óscar', los cabritos 'Hircus' y 'Hugo' y la cerca 'Pepa'. / JUAN LLACA

«Necesitamos casas de acogida, voluntarios y donaciones, pues los gastos veterinarios y de manutención son altos», señalan sus responsables

LUCÍA RAMOS LLANES.

Infiesto, miércoles por la mañana. Una bolsa de plástico 'sospechosa' en el río llama la atención de una de las voluntarias de la protectora de animales Arriguau. En seguida cree saber lo que se va a encontrar, pues la noche anterior vio a un hombre bajándose de su furgoneta y arrojando una bolsa al agua pese a disponer de un contenedor a pocos metros. No le dio tiempo a apuntar la matrícula del vehículo y pese a que buscó con insistencia, no logró localizar la bolsa, así que regresó al día siguiente con una compañera y entonces sí dieron con ella. En su interior, cinco cachorros de perros de apenas unas semanas muertos. Ahogados. Sucedió en Piloña, pero podía haber sido cualquier otro concejo del Oriente, pues según advierten las protectoras, este verano está siendo especialmente complicado, con avisos diarios de abandonos y animales heridos, principalmente gatos.

«La situación es insostenible. En lo que va de verano ya nos hicimos cargo de unos ochenta animales, entre perros y gatos», señala Luis Bernardo, de la ONG llanisca Mundo Vivo. Y su colega Marta del Valle, de Huellas del Sella, en Cangas de Onís, confirma sus palabras. «Estamos hasta arriba, pues nosotras carecemos de albergue y gestionamos todo a través de casas de acogida, pero aún así seguimos recibiendo avisos todos los días con nuevos animales. Es terrible», apunta.

Desde Infiesto (Piloña), Marcial González, voluntario de Animales de Oriente, explica que «siempre hubo muchos abandonos, pero antes, más o menos, los animales iban saliendo en adopción. Ahora seguimos teniendo muchos peludos sin hogar, pues solo en una semana llegamos a recoger seis perros, pero poquísimas adopciones». En su opinión, la solución a esta lacra pasa por «llevar a cabo un verdadero control del censo de animales. Es obligatorio que los perros estén con chip, pero en los pueblos muchísima gente no lo hace y no existe siquiera un censo, y el Principado no hace nada por obligar a los municipios a cumplir con la normativa», lamenta. En este sentido, es también de suma importancia, coinciden en todas las protectoras, esterilizar a los animales para evitar camadas indeseadas.

«La situación es insostenible, en estas semanas nos hicimos cargo de 80 animales» «Tras los casos de fraude destapados en los últimos tiempos la gente ya no se fía»

Mientras que Animales de Oriente dispone de unas pequeñas instalaciones y pronto se mudarán a otras más amplias en las que llevan tiempo trabajando, las otras tres protectoras de la comarca funcionan con una red de casas de acogida que se hacen cargo de los animales hasta que alguien decide adoptarlos. «Necesitamos más casas, pues es primordial tener un sitio donde alojar a los perros y gatos hasta que encuentran una familia», explica Del Valle. Y Luis Bernardo, presidente de Mundo Vivo, en Llanes, corrobora sus palabras. «Tenemos problemas, sobre todo, para encontrar acogidas a perros de los llamados potencialmente peligrosos, pues requiere de permisos especiales», indica.

Albergue en Arriondas

También coincide con ellos la presidenta de Arriguau (Parres), Laura Fabián, quien indica que su asociación lleva «más de un año en contacto con el Consistorio parragués para poner en marcha un albergue». «Les entregamos toda la documentación que nos solicitaron, pero no terminan de ponerse en marcha. Nosotras nos hacemos cargo de los animales que encuentran en el concejo, les quitamos el 'marrón' de encima, pero parece que no ven el gasto y el trabajo que hay detrás», lamenta.

Finalmente, otra necesidad de la que adolecen todas las protectoras no solo del Oriente, sino de todo el país, es de falta financiación. Ninguna de las mencionadas recibe subvención o ayuda oficial alguna, por lo que se ven obligadas a sufragar los gastos veterinarios y de manutención gracias a socios, donativos, eventos y rascándose su propio bolsillo. Pero nunca es suficiente. «El año pasado gastamos cerca de 19.000 euros solo en el veterinario», explica Marcial González, y Luis Bernardo indica que «uno de los mayores problemas que hay ahora es la desconfianza de la gente. Tras los casos de fraude que se destaparon en los últimos tiempos, a la gente le cuesta más donar».

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