Un ramo de rosas a la salud de Lucio

El ramo, ofrecido por la familia de Lucio Gutiérrez Tamés, de camino a la iglesia parroquial. /  JUAN LLACA
El ramo, ofrecido por la familia de Lucio Gutiérrez Tamés, de camino a la iglesia parroquial. / JUAN LLACA

La procesión de San Julián y Santa Basilisa de Porrúa se consagró a la recuperación de un joven sometido a un trasplante craneal

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

Con lluvia, frío y muchísimo entusiasmo, la localidad llanisca de Porrúa festejó ayer San Julián y Santa Basilisa, los patrones del pueblo llanisco. A pesar de las inclemencias meteorológicas se cumplió el programa de actos que incluía traslado del ramo, procesión, misa, bailes regionales, juegos infantiles, espicha y verbena.

A mediodía, más de un centenar de personas se dieron cita en el Colláu Molín, el lugar elegido para la salida del ramo, que este año representó una ofrenda del matrimonio formado por Turno Gutiérrez Romano y Blanca Inés Tamés Romano, quienes pedían por la salud de su hijo Lucio Javier, que el pasado miércoles era intervenido en el HUCA con el complicado trasplante de un hueso del cráneo. El chaval «evoluciona favorablemente», confirmaron sus progenitores, quienes ofrecieron al amplio vecindario un contundente aperitivo a base de humeantes tazas de chocolate, caldo de gallina, vermú y refrescos acompañados con tortillas, embutidos, quesos y anchoas.

El ramo, repleto de roscos de pan artesanal y decorado con rosas y ramas de paniculata, un primor, salía de la casa familiar a hombros de cuatro jóvenes del clan de los Gutiérrez: Adrián, Efrén, Alejandro y Álvaro. Camino a la iglesia parroquial les acompañaron los gaiteros de Balmori, los hermanos Julián y Conchita Herrero, medio centenar de mozas ataviadas de llanisca y un elevado número de romeros. En el interior del templo, las mozas entonaron las tradicionales coplillas del ofrecimiento de los panes.

En el exterior continuaba lloviendo, pero lo que jarreaba del cielo no fue inconveniente para que se formara la procesión. Del traslado de las andas de Santa Basilisa se encargaron cuatro mujeres: Otilia Santoveña, Blanca Nieves Tamés, Loles Romano y Rosaura Tamés, mientras que en los varales de San Julián oficiaron como costaleros César Noriega, Pancho Balmori, Francisco Pernía y Esteban Tamés. La posterior eucaristía fue oficiada por el párroco, Florentino Hoyos.

Al término de la misa tuvo lugar un animado festival folclórico. En La Bolera, al contrapunto de gaita y tambo, los niños interpretaron el Quirosanu y el Xiringüelín, mientras que los jóvenes bailaron el Fandango de Pendueles, las jotas de Cadavedo y el Cuera, el Xiringüelu de Naves y un Pericote de cuatro triadas, cantado por Elena Rubiera y acompañado del toque de panderetas en manos de Marta Gutiérrez y Cristina Haces. El bailín del Xiringüelu fue Diego Haces, quien con trepidantes pasos y entre grandes ovaciones fue sacando a bailar a las mozas Esther Romano, Blanca Haces, Ana Rodrigo y Carla Martínez.

La jornada vespertina se inició con un festival de juegos infantiles y continuó con una espicha de confraternización vecinal. La fiesta en honor a los patrones de Porrúa culminó con una verbena amenizada por dos grupos musicales. En el transcurso de la misma se celebró un concurso de bailes, para rematar de madrugada con una chocolatada. La comisión se encargó de tutelar la venta de bebidas, en un recinto cubierto y con cañones de calor para luchar contra el frío y la humedad.

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