Un religioso colungués al frente de la movilización campesina en la República Dominicana

El dominico colungués Miguel Ángel Gullón en El Seybo/ M.A.G.
El dominico colungués Miguel Ángel Gullón en El Seybo / M.A.G.

El dominico Miguel Ángel Gullón lucha por recuperar la tierra que dos grandes empresas han quitado a la población de El Seybo para plantar caña de azúcar

TERRY BASTERRA COLUNGA.

La vida en El Seybo no es sencilla. Son muchas las personas que viven de la tierra cultivando plátanos, yuca, guayabas u otros frutos que luego venden para sobrevivir. Pero en los últimos tiempos la situación se ha vuelto crítica para muchos de estos campesinos después de que dos grandes compañías, el Grupo Vicini y Central Romana, se interesasen por instalar grandes extensiones de caña de azúcar en esta región, muy cerca de su capital, Santa Cruz.

Pero estas empresas están tratando de hacer es expulsar de las tierras en las que viven a los campesinos que las han cultivado durante generaciones. Y lo hacen por la fuerza. El pasado año Central Romana derruyó 80 viviendas de otras tantas familias para ocupar esos terrenos. Las fuerzas de seguridad contratadas por esta empresa llegaron incluso a encañonar a algunos de los campesinos que vivían en ellas para obligarles a marcharse. Esgrimen que tienen derecho sobre estos terrenos gracias a las autorizaciones emitidas por el Consejo Estatal del Azúcar de la República Dominicana, pero no se preocupan por facilitar una forma de vida a todas esas personas a las que dejan sin medio de vida.

Pero Central Romana no es la única gran compañía, con vínculos con el poder político del país caribeño, que utiliza la fuerza para lograr sus objetivos. En los últimos meses el Grupo Vicini está destruyendo grandes zonas arboladas con enormes tractores y fuertes herbicidas, caso del Glifosato, que en países como Francia o Italia su uso esta prohibido al estimar que tiene efectos cancerígenos. La Eurocámara también cuestiona su utilización.

«Tratan a la gente de esta zona como animales. Les quitan la tierra, el techo y el trabajo»

Con los tractores y los herbicidas Vicini se ha dedicado a arrasar las zonas de frutales próximas a Santa Cruz. Pese al miedo que tienen los campesinos a las fuerzas de seguridad contratadas por estas grandes empresas -la vida en Latinoamérica vale poco-, se han movilizado contra ellas. Y al frente de ellos está Miguel Ángel Gullón, un dominico colungués que lleva 18 años en el país caribeño.

«Los tractores destrozaron los campos, mataron al ganado y amenazaron a los campesinos. Era tal la provocación que los dejaban aparcados junto a los pueblos», recuerda. Los lugareños consiguieron vencer al miedo y enfrentarse a ellos. Lo hicieron formando un escudo humano con el religioso al frente sosteniendo la imagen de Jesús en la Cruz, algo de lo poco que aún respetan los trabajadores contratados por estas compañías. «El tractor se dio la vuelta y dejó el tanque con el herbicida. Decidimos llevárnoslo al Palacio de Justicia después de avisar al procurador fiscal, al gobernador y a la directora de Medio Ambiente. A causa del glifosato habían muerto ya cabezas de ganado y podían haber matado también a algún niño», advierte desde la República Dominicana el colungués.

Aunque hay presentadas varias denuncias contra estos hechos, Gullón sabe que los lazos de estas dos grandes empresas con el poder político del país caribeño son estrechos, por eso quiere que se conozca su historia para ver si, de esta manera, Central Romana y Grupo Vicini dan marcha atrás y frenan su afán por apoderarse del terreno.

En El Seybo ya tienen en sus manos «el 80% de la tierra», y sin ella la población campesina de esta parte de la República Dominicana pierde su modo de vida y «su dignidad».

«Están desertificando la provincia cortando todos los frutales para plantar caña de azúcar con mano de obra de Haití a los que tratan como esclavos. Mientras que a los habitantes de estas tierras los consideran casi como animales. Les quitan el techo, la tierra y el trabajo», clama Gullón.

Tanto él como los campesinos con los que lucha tienen miedo, pero se sienten orgullosos del fin que persiguen y la unión que están consiguiendo. Un fin que no es más que poder devolver a estas gentes de Seybo la tierra de la que han vivido durante generaciones

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